El apasado es un país extraño

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David Lowenthal: El pasado es un país extraño. Akal, Madrid, 1993

CAPITULO PRIMERO

REVIVIR EL PASADO:
SUEÑOS Y PESADILLAS

Oh, haced volver al ayer... decidle al tiempo que vuelva.
Shakespeare, Ricardo II, acto III, escena 2ª

El milagro de la vida se circunscribe cruelmente en los límites del nacimiento y de la muerte; de la inmensidad del tiempo anterior y posterior a nuestrasvidas no experimentamos nada. El pasado y el futuro son igual de inaccesibles. Sin embargo, aunque estén fuera del alcance físico, forman parte de nuestras imaginaciones. El recuerdo y la expectación cubren cada momento presente.
El pasado y el futuro provocan atracción —y repulsión— de formas bastante distintas. La mayoría de las imágenes de los tiempos que se extienden ante nosotros sonconfusas e inciertas. Ni siquiera podemos saber las consecuencias de nuestros propios actos, no digamos ya predecir un futuro más lejano. En tiempos más confiados, hace una generación, había planificadores visionarios que veían el futuro casi como «otro país, que uno podría visitar como si fuera Italia, o incluso intentar recrear en una réplica» —señala Reyner Banham—. «El Futurismo fue algo que separecía de manera sospechosa al estilo de un período, un Neogótico de la Era de las Máquinas».[1] Hoy, en cambio, ese futuro no es más que un recuerdo nostálgico; Lo que se nos aparece como espléndido, horrendo o simplemente ordinario es un panorama que cambia con cada espectador y con cada momento. No sabemos lo que vendrá. Los deseos se incumplen de forma notoria, al igual que el anhelo de famapóstuma que llevó al Enoch Soames de Beerbohm, poeta menospreciado en su propio tiempo, a pactar con el diablo para saber lo que pensaría de él la posteridad. Volviendo a un siglo posterior, Soames no encuentra más que un artículo en el que aparece su nombre en una historia de la literatura: «un personaje imaginario en una historia de Max Beerbohm».[2] Nosotros podemos tener que ver en lascontingencias del futuro pero nunca podremos controlarlas. Los Yahoos de Borges, cuyo tiempo está invertido pues tienen previsión pero carecen de retrospectiva, subrayan la distinción crítica entre la memoria y la adivinación.[3]
A diferencia de los vagos contornos de los tiempos que vendrán, el pasado fijo ha sido esbozado por incontables cronistas. Sus vestigios en el paisaje y la memoria reflejaninnumerables detalles de lo que nosotros y nuestros predecesores hemos hecho y sentido. El pasado que se elabora con exquisitez parece más familiar que el que está alejado en el espacio, en algunos casos incluso más que nuestro presente cercano; el aquí y ahora carece de la densidad y de la perfección de aquello que el tiempo ha filtrado y ordenado.[4]
Por otra parte, tenemos bastante claro que elpasado ocurrió de verdad; sus huellas y recuerdos reflejan escenarios y actos innegables. El futuro, etéreo e insustancial, no podrá llegar nunca. El pasado, en cambio, es tangible y seguro; la gente piensa en él como algo fijo, inalterable y registrado de forma indeleble.[5] «¡Cuánto más bonito es ir hacia atrás!» —exclama un imaginario visitante moderno del mundo de 1820—; «¡El pasado estabaasegurado!».[6] Y es que el pasado, por lo general, no sorprende; se ha tomado su medida. En él estamos como en casa porque es nuestra casa; el pasado es el sitio del que procedemos. Y son pocos los que no han deseado en algún momento volver a un tiempo anterior. El pasado al que se vuelve puede que no siempre satisfaga, pero rara vez nos amenaza con una sorpresa tan desagradable como aquélla a laque tuvo que enfrentarse el pobre Enoch Soames.
Pese a todo, ya no podemos ni deslizamos hacia atrás rumbo al pasado ni saltar hacia adelante rumbo al futuro. El ayer, a salvo en imaginativas reconstrucciones, queda para siempre al margen de nosotros; tan sólo hemos atenuado los recuerdos y las crónicas fragmentarias de la experiencia anterior y lo único que podemos hacer es soñar con escapar...
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