El canto del cisne del erotismo

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  • Publicado : 29 de marzo de 2011
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El canto de cisne del erotismo

Luis Mario Vivanco

En los años que preceden a la Segunda Guerra Mundial, un hombre con aspecto de vagabundo camina por las calles de París. Hace tres días que no come. Oscurece y él se dirige lentamente hacia la banca de un parque público en la que ha dormido varias noches. No tiene prisa. Nunca tiene prisa. Unas horas más tarde, se queda dormido. A la mañanasiguiente, muy temprano, no sabe si es el hambre o el frío lo que lo ha despertado, pero descubre con un extraño y momentáneo júbilo que tiene una erección. Se siente vivo, alegre, afortunado. Sin poder explicarse por qué, sabe que el mundo y la vida le reservan mejores momentos. Se levanta y camina hasta encontrar un expendio de pan, entra, y mira a la mujer que atiende. Piensa que si él tieneel valor para humillarse a pedir un pan, ella no tendrá el valor para negárselo. Sale con dos panes.
Medio siglo más tarde, ese hombre es ya una leyenda viviente en el mundo literario; su nombre, Henry Miller, figura entre los posibles candidatos para obtener el premio nobel que, por cierto, nunca recibirá “porque algunos miembros del jurado esperan inútilmente a que reaccione y tome el caminodel bien”. Mientras tanto él, con 84 años de edad, “artritis en una cadera, arteroesclerosis en la otra pierna” y ciego completamente de un ojo, revisa su correspondencia. Descubre, entre la multitud de cartas que recibe de sus amigos, lectores y admiradores que tiene en el mundo entero, una que llama especialmente su atención. Se trata de la carta de una mujer que dice llamarse Venus.
Esimportante mencionar que, en aquella carta, su autora se declaraba admiradora de Miller y su obra, y le manifestaba su deseo de conocerlo; además, le enviaba unas fotografías y una carta que el propio Miller había escrito a Hoky, una de sus esposas. Esta última la había encontrado dentro de un libro, adquirido en una subasta. Si revisamos cuidadosamente estos elementos, es posible cada uno porseparado pudiera llamar la atención del escritor; sin embargo, él sólo habla, en la primera carta a ella, de las fotografías. Ayudado por una lupa, las revisa cuidadosamente y sólo se le ocurre una pregunta, “¿En verdad te llamas Venus?” Es ése el principio de la última pasión implacable de Henry Miller.
Esa primera carta que le escribe a Brenda Venus, fechada el 9 de junio de 1976, marcó el inicio deuna correspondencia llena de un entusiasmo, un vigor y una constancia sin igual. A partir de aquel día, fueron contados los días en los que Miller dejó de escribirle, aunque fuera sólo unas líneas. En cambio, hubo ocasiones en las que llegó a enviarle hasta tres cartas en un mismo día. De cualquier forma, lo más impresionante de todo, es que dicha correspondencia sólo pudo ser interrumpida porla muerte de Miller, cuando éste contaba con 89 años de edad. En su segunda carta le dice, “A mi edad, los hombres somos más sensibles que nunca a los encantos femeninos. Nunca se tiene bastante”.
Dentro de sus esquemas, raras veces la sociedad considera un espacio respetable para el erotismo entre los ancianos. Frecuentemente se piensa que los hombres de edad avanzada han dejado de lado susintereses de índole sexual; en cuanto a las mujeres, sólo se mencionan las excepciones que confirman la regla. De los hombres se dice que son “raboverdes” o, peor aún, “viejos degenerados”. Sin el afán de descubrir grandes verdades, cabría preguntarse en qué momento el erotismo empieza a ceder y en qué momento se muere definitivamente.
En la literatura hay por lo menos dos obras, además de éstaque nos ocupa, que describen de manera extraordinaria cómo se pueden combinar el erotismo, la sensualidad y la sensibilidad en un anciano; la primera, Las bellas durmientes, de Yasunari Kawabata, que relata la historia de una “casa de citas” muy peculiar, en donde hombres de muy avanzada edad, cuando sienten que les falta poco para morirse, van allí y pagan elevados precios por pasar lo que...
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