El chavo

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Capítulo Uno
Cuando Larten Crepsley se levantó y bostezó ese gris martes en la mañana, no teníaidea de que para el medio día se habría convertido en un asesino.Descansó un poco más en su lecho de sacos de paja, mirando las motitas depolvo que flotaban en el aire. La casa donde vivía era estrecha y oscura, y el cuarto enel que dormía jamás recibía los rayos del sol excepto por las mañanas. Aveces sedespertaba unos minutos antes de lo necesario, antes de que su madre gritara paradespertar a la familia. Ese era su único momento libre del día, su única oportunidad dedescansar con los brazos cruzados y una perezosa sonrisa en el rostro.En el cuarto descansaban seis chicos, cinco de ellos todavía roncaban y seremovían en sueños. Con Larten habían sido ocho hermanos, pero dos habían muertojóvenes y su hermana mayor había dejado la casa un año antes para casarse. Aunqueella apenas si tenía catorce cuando se fue, Larten sospechaba que sus padres sehabían sentido aliviados al librarse de ella, pues nunca había sido muy trabajadora yapenas si había llevado algo de dinero a casa.-¡Arriba!

gritó la madre de Larten desde el cuarto de la lado, y golpeó la pared unpar de veces.Los niñosgimieron y se arrastraron fuera de la cama. Chocaron los unos contra losotros mientras trataban de hacerse de la bacinica, los mayores apartando a suspequeños hermanos y hermanas. Larten seguía en el mismo lugar, sonriendo consatisfacción. Él ya había hecho lo suyo mientras todos los demás dormían.Vur Horston, su primo, dormía en el cuarto con los cinco chicos Crepsley. Suspadres habían muerto cuandosólo tenía tres años, su padre en un accidente laboral ysu madre de alguna enfermedad. La madre de Larten había vigilado de cerca a la viudaenferma, y cuando ella murió rápidamente se hizo de su bebé. Un par extra de manossiempre era bienvenido. Aunque pensó que quizá el pequeño sería una carga durantealgunos años, sabía que los niños de su edad no comían mucho y, asumiendo que Vursobreviviera,podría comenzar a trabajar apenas tuviera edad para hacerlo, y asíganaría un pequeño ingreso extra para sus padres adoptivos.Larten se sentía más cercano a Vur que a ninguno de sus hermanos. Había sido élquien estuviera en la cocina cuando su madre llevó al silencioso y solemne chico acasa. Después de haberle dado un poco de pan remojado en leche (algo muy raro en
ella), la mujer pasó al lado deLarten y le pidió que vigilara del huérfano y que lomantuviera fuera de su camino.Larten miró al recién llegado con recelo, celoso del regalo que su madre le habíadado. En respuesta, Vur observó a Larten con inocencia, partió el pan por la mitad y leofreció a su primo el pedazo más grande. A partir de ese momento se convirtieron enlos mejores amigos.-¡Arriba!

volvió a gritar la madre de Larten,golpeando el muro una sola vez. Losniños parpadearon varias veces para deshacerse de los últimos vestigios de sueño y searrojaron sobre sus ropas. Ella vendría pronto a por ellos, y si no estaban vestidos ylistos para partir, su puño volaría.-Vur

murmuró Larten, dándole un codazo a su primo en las costillas.-Estoy despierto

replicó Vur, girándose para que Larten viera susonrisa.-¿Necesitas ir?

preguntó su primo.-Estoy que reviento

se rió Vur.-¡Apresúrate!

le soltó Larten a una de sus hermanas, la cual estaba de cuclillassobre la bacinica como si fuera suya.-Pues hazte en la cama si estás tan desesperado

se mofó ella.-Podrías hacerlo

le susurró Larten a Vur. No era inusual para ellos mojar la cama,pues lo mejor de que estuvieran hechas de paja era que se secabanrápidamente.-No

replicó Vur, apretando los dientes-. Puedo esperar.Las ropas de Larten estaban sobre el suelo, al lado de la cama. Se vistió con ellassin quitarse el pequeño chaleco con el cual dormía. La madre de Larten era una mujerordenada. Hacía la colada de la familia cada dos domingos, y todos los niños debíanesperar en sus camas, desnudos bajo las cobijas, hasta que sus ropas les...
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