El dios de piedra despierta

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PHILIP JOSÉ FARMER

EL DIOS DE PIEDRA DESPIERTA

Diseño portada: Enrique Torres
Título original:
The Stone God Awakens
© 1970 by Philip José Farmer
Traducción de José M. Álvarez Floret

ES UNA PUBLICACIÓN DE
EDICIONES DRONTE
Avda. Juan de Garay 1323
Buenos Aires • Argentina

Hecho el depósito que marca la ley 11,723

©EDICIONES DRONTEARGENTINA

Otros títulos del mismo autor:
EL MUNDO DEL RÍO
«A vuestros cuerpos dispersos» (Premio Hugo 1972)
publicado en la revista «Nueva Dimensión» núm. 50

EL MUNDO DEL RÍO
«El fabuloso barco fluvial»
publicado en la revista «Nueva Dimensión» núm. 62

CARNE
publicado en el núm. 2 de la colección de libros «Nueva Dimensión»

Despertó y nosabía dónde estaba.
Crepitaban las llamas a unos veinte metros de distancia. El humo le picaba en la nariz y le hacia llorar. Se oían gritos y voces de hombres.
Al abrir los ojos, vio que un trozo de plástico caía desde debajo de sus brazos, que tenía extendidos ante él. Algo golpeó levemente sus rodillas, se deslizó piernas abajo y cayó sobre un disco de piedra bajo él.
Estaba sentadoen una silla... su silla de despacho. La silla estaba sobre el asiento de un inmenso trono tallado en granito, y el trono sobre una plataforma redonda de piedra. Había sobre la piedra manchas de un color oscuro, entre rojo y marrón. Lo que había caído era una parte de la mesa sobre la que había estado apoyado después de desmayarse.
Se hallaba al fondo de un gran edificio de gigantescas vigasy columnas de madera. Las llamas lamían la pared avanzando en su dirección. El techo del otro extremo había caído en parte y el humo salía por el hueco y se perdía en el viento. Pudo ver el cielo fuera. Era negro, y luego, lejos, flameó un relámpago. A unos cincuenta metros de distancia, había un cerro iluminado por las llamas, en cuya cima distinguió la silueta de los árboles copudos llenos dehojas.
Un instante antes era invierno. La nieve se apilaba profunda alrededor de los edificios del centro dé investigaciones de las afueras de Syracusa, Nueva York.
El humo se amontonaba bloqueando su visión. Las llamas saltaban más arriba y más lejos hacia las largas mesas y los bancos y las gruesas columnas que sustentaban el techo. Parecían éstas como tótems con sus extrañas cabezasgrabadas, una sobre otra. Había en las mesas platos, jarras y algunos utensilios simples. Una jarra, volcada, había derramado un líquido oscuro sobre la mesa más próxima.
Se levantó y tosió cuando el humo envolvió su cabeza. Se agachó y salió del asiento del inmenso trono, que, ahora que estaba iluminado por las cercanas llamas, se reveló como una masa de granito salpicada de cuarzo en rojo ynegro. Desconcertado, miró a su alrededor. Pudo ver el borde de una puerta parcialmente abierta (era una puerta de dos batientes, muy grande) y fuera había más llamas y cuerpos luchando, debatiéndose, tambaleándose, cayendo, y más gritos y chillidos.
Tendría que abandonar el lugar antes de que el humo o las llamas le alcanzasen, pero tampoco quería salir de allí para entrar en la batalla. Seagachó sobre la plataforma de piedra y luego descendió hasta el duro suelo de tierra de la sala.
Un arma. Necesitaba un arma. Palpó en el bolsillo de su chaqueta y sacó una navaja. Apretó un botón y brotó una hoja de unos quince centímetros. Era ilegal llevar un cuchillo de aquel tamaño en Nueva York en 1985, pero si un hombre quería defenderse en 1985, tenía que hacer algunas cosas ilegales.Caminó con rapidez a través del humo, aún tosiendo, y llegó hasta la doble puerta. Se puso de rodillas y miró por debajo, pues el borde inferior de la puerta quedaba muy alto.
Las llamas del vestíbulo y de los otros edificios se combinaban para iluminar la escena. Danzaban alrededor peludas piernas y rabos, blancos, negros y marrones. Las piernas eran humanas y sin embargo no lo eran....
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