El doble crimen de la calle morgue

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  • Publicado : 25 de agosto de 2012
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EL DOBLE CRIMEN DE LA CALLE MORGUE
Existen cuatro elementos en Los crímenes de la calle Morgue que le confieren el carácter de relato seminal de la novela policiaca. En primer lugar, la creación del primer detective dilettante, el elegante, racionalista y analítico Auguste Dupin, al que cabe el honor de ser el primero de una larga y excelsa lista de personajes de ficción que han ocupado un lugareminente en el imaginario universal del relato criminal: el Monsieur Le Coq de Gaboriau, el Sherlock Holmes de Conan Doyle, el Philo Vance de Van Dine, el Hercules Poirot y la señora Marple de Agatha Christie, el padre Brown de Chesterton, el Nero Wolfe de Red Stout, y las decenas de personajes que les han seguido hasta nuestros días. En segundo lugar, la primera utilización de un argumentoclásico del género: el enigma de la habitación cerrada. En tercer lugar, la creación del estereotipo de un cuerpo de policía adocenado, rutinario, carente de imaginación y de ingenio que, inevitablemente, fracasa ante los enigmas sutiles y asiste atónito, debatiéndose entre el disgusto y la sincera admiración, a los alardes de suprema inteligencia del detective aficionado de turno. En último lugar, lacreación de un personaje secundario que da la justa réplica al actor principal, un colega, un amigo, un compañero, pero siempre un ser más limitado cuya función esencial es ejercer de cronista de las hazañas del héroe y de representar el papel de “persona normal” en contraste con la talla sobrehumana del detective; su modelo más acabado será el doctor Watson de Conan Doyle.

Auguste Dupin naceen 1841 en el Graham’s Magazine de Filadelfia, en el que Poe colaboraba habitualmente, y su presentación en sociedad no puede ser más deslumbrante. Dupin pasea en compañía de su amigo (el innominado narrador del relato) en la noche parisina por las inmediaciones del Palais Royal. Caminan silenciosos por las desiertas aceras hasta que Dupin hace una observación: «Sí, es un hombrecillo muy pequeño, yestaría mejor en el Théâtre des Variétés». Su compañero responde automáticamente: «No cabe duda». Pero al momento advierte que llevan más de un cuarto de hora en silencio y que el detective parece haber adivinado su pensamiento. «¿Cómo es posible que haya adivinado que estaba pensando en… ?». «…en Chantilly», completa la frase Dupin. Y no solo eso, sino que es capaz de enumerar minuciosamente laconcatenación de pensamientos de su compañero en los últimos quince minutos, dejándole estupefacto. Exactamente, lo mismo que le sucederá años después al doctor Watson, cuando Holmes parece ser capaz de adivinar de forma casi sobrenatural una larga serie de detalles relativos a la vida y costumbres de sus interlocutores, antes de ser informado de los detalles concretos que han posibilitado lasdeducciones del detective. Con esta puesta en escena Edgar Allan Poe se inventa de golpe la llamada novela policiaca de enigma, y abre el camino a una forma de relato popular que ha mantenido su vigencia e interés entre los lectores en todo tiempo y circunstancias, hasta nuestros días.

Auguste Dupin comparecerá nuevamente en tan solo dos narraciones más de Poe, El misterio de Marie Rogêt y Lacarta robada, publicadas en The Gift, de Filadelfia. Ambos son relatos mucho más intelectuales que Los crímenes de la calle Morgue. El primero de ellos ha sido calificado como un «hábil y fatigoso ejercicio de raciocinio», y el segundo ha sido tenido por el mejor de los relatos policiales de Poe, por su brevedad, concisión y elegancia: qué mejor sitio para esconder algo que es de vital importanciaque no sea encontrado que depositarlo a la vista y al alcance de cualquiera. Aquí se añade un elemento nuevo, la paradoja, un factor del que los epígonos de Edgar Allan Poe sacarán verdadero petróleo, y sobre todos ellos Chesterton, el creador de un curita de aldea tocado con una teja y que por toda arma maneja un desmesurado paraguas, empeñado en ver lo que para el resto de los mortales parece...
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