El gallo de socrates

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Leopoldo Alas Clarín

El gallo de Sócrates

En la cárcel de Atenas, tumbado en el lecho, con el rostro cubierto por un velo, esperaba Sócrates, tranquilo y callado, los efectos últimos de la fatal cicuta. Atrás quedaban las injustas acusaciones de no créer en los dioses de la ciudad y de corromper a la juventud, atrás la estéril defensa, atrás la capital condena, atrás la inútil insistenciadel rico Critón en presentar, primero, una garantía a los jueces, luego en comprar a los carceleros: su dinero hubiera podido con todo; no comprendía que su maestro entregara la vida por no traicionarla. Pero las leyes, había dicho el filósofo, eran las leyes y había que cumplirlas siempre, y no destruirlas, para bien o para mal; incluso, para propio mal. Por eso yacía Sócrates en el lecho deaquella cárcel de Atenas, sintiendo que la muerte, empezando por los pies, le trepaba por el cuerpo en busca de su ser. Mas antes que se hubiera apoderado ya de todo él, descubrió su faz y pronunció las últimas palabras: « Oh, Critón, debemos un gallo a Esculapio; pagadlo y no os olvidéis ».

Estas últimas y enigmáticas palabras de Sócrates son el punto de partida de un breve cuento de Leopoldo AlasClarín. El autor del cuento nos presenta a Critón saliendo apresuradamente de la cárcel en que acaba de morir Sócrates y en la que deja el cadáver tras haberle cerrado la boca y los ojos. Su prisa se debe a que desea cumplir cuanto antes el encargo que el maestro le ha hecho, « tal vez burla burlando -dice Clarín-, pero que él tomaba al pie de la letra en la duda de si era serio o no era serioSócrates… ».
Así determinando, cavilando para convencerse de que el encargo « no contradecía el sistema ni la conducta del maestro », ve Critón un gallo que huye de un huerto: « se le había metido en la cabeza…que el gallo aquel, y no otro, era el que Esculapio, o sea, Asclepios, quería que se le sacrificase ».
Pero el gallo, que reconoce a Critón por haberlo visto filosofar tantas veces con su amo,el afamado y el « parlanchín » sofista Gorgias, no está dispuesto a ello y, en cuanto nota que es perseguido, empieza a correr batiendo las alas.
A punto de ser atrapado, el gallo da un salto supremo y acierta a subirse « encima de la cabeza de una estatua que representaba nada menos que Atenea ». Al verlo, Critón, cual inquisidor intentando acallar « los gritos de su honrada conciencia naturalque le dcía: no robes ese gallo » pensó: « Ahora sí que, por el sacrilegio, mereces la muerte. Serás mío, irás al sacrificio ».
Mas pese a los intentos de atraparlo, todo resulta inútil: es demasiada la altura que lo separa del gallo. Y éste, dándose cuenta de ello, comienza sus reproches a Critón « en griego digno del mismo Gorgias »: lo acusa de ser « filósofo idealista, de imitación »; de ser« la sombra de un muerto » y « destino de los discípulos que sobreviven a sus maestros »; de quedar « acá, a la manera de larvas, para asustar a la gente menuda ».
Critón invoca a la naturaleza, que, en nombre de la Idea del género del gallo, le manda callar. Pero el gallo replica: « Yo hablo, y tú cacareas la Idea. Oye, hablo sin permiso de la idea de mi género y por habilidad de mi individuo… ».Critón, siempre lacónico, reprocha entonces al gallo el abandono de su amo. Y el gallo, cada vez más diserto, filosofa: « …No se puede vivir junto a semejante hombre. Todo lo prueba; y eso aturde, cansa. El que demuestra toda la vida, la deja hueca. Saber el porqué de todo es quedarse con la geometría de las cosas y sin sustancia de nada… »; etc.
Critón insiste en que el gallo debe morir « porsacrílego, por sofista y porque Zeus lo quiere ». El gallo pregunta entonces el porqué de tal crueldad y Critón alude al encargo de Sócrates añadiendo que es una « acción de gracias porque le daba la salud verdadera, librándole por la muerte, de todos los males ». Pero el gallo sospecha:
« - ¿Dijo Sócrates todo eso?
- No; dijo que debíamos un gallo a Esculapio.
- De modo que lo demás te...
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