El ogro filantrópico

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El ogro filantrópico
por Octavio Paz
Adspice sim quentus! Non est hoc
corpore major Jupiter in coelo
Ovidio (Met XIII)
L os liberales creían que, gracias al
desarrollo de la libre empresa,
florecería la sociedad civil y, simultáneamente,
la función del Estado se reduciría
a la de simple supervisor de la
evolución espontánea de la humanidad.
Los marxistas, con mayor optimismo,
pensabanque el siglo de la aparición
del socialismo sería también el de la desaparición
del Estado. Esperanzas y
profecías evaporadas: el Estado del siglo
XX se ha revelado como una fuerza
más poderosa que la de los antiguos
imperios y como un amo más terrible
que los viejos tiranos y déspotas. Un
amo sin rostro, desalmado y que obra
no como un demonio sino como una
máquina. Los teólogos y losmoralistas
habían concebido al mal como una excepción
y una transgresión, una mancha
en la universalidad y transparencia
del ser. Para la tradición filosófica de
Occidente, salvo para las corrientes
maniqueas, el mal carecía de substancia
y no podía definirse sino como falta.
es decir, como carencia de ser. En sentido
estricto no había mal sino malos:
excepciones, casos particulares. ElEstado
del siglo XX invierte la proposición:
el mal conquista al fin la universalidad
y se presenta con la máscara del
ser. Sólo que a medida que crece el
mal, se empequeñecen los malvados.
Ya no son seres de excepción sino espejos
de la normalidad. Un Hitler o un
Stalin, un Himmler o un Yéjov, nos asombran
no sólo por sus crímenes sino por su
mediocridad. Su insignificancia intelectualconfirma el veredicto de Hannah
Arendt sobre la “banalidad del mal”.
El Estado moderno es una máquina
pero es una máquina que se reproduce
sin cesar. En los países de Occidente,
lejos de ser la dimensión política del
sistema capitalista, una superestructura,
es el modelo de las organizaciones
económicas; las grandes empresas y
negocios, a imitación suya, tienden a
convertirse en Estadose imperios más
poderosos que muchas naciones. En los
últimos cincuenta años hemos asistido
no a la esperada socialización del capitalismo
sino a su paulatina pero irresistible
burocratización. Las grandes compañías
transnacionales prefiguran ya un
capitalismo burocrático. Frente a ellas.
las burocracias totalitarias del Este europeo.
Allá el proceso ha sido más rápido
y feroz. Lasociedad civil ha desaparecido
casi enteramente: fuera del Estado
no hay nada ni nadie. Sorprendente
inversión de valores que habría estremecido
al mismo Nietzsche: el Estado
es el ser y la excepción, la irregularidad
y aún la simple individualidad son formas
del mal, es decir, de la nada. El
campo de concentración. que reduce al
prisionero a un no-ser, es la expresión
política de la ontologíaimplícita en las
ideocracias totalitarias.
A pesar de la omnipresencia y omnipotencia
del Estado del siglo XX -a pesar
también del antecedente de la tradición
anarquista, tan rica en adivinaciones
y descripciones proféticas- sólo
hasta hace poco ha renacido la crítica
del poder y del Estado. Pienso sobre todo
en Francia, Alemania y Estados Unidos.
En América Latina el interés por elEstado es mucho menor. Nuestros estudiosos
siguen obsesionados con el
tema de la dependencia y el subdesarrollo.
Cierto, nuestra situación es distinta.
Las sociedades latinoamericanas
son la imagen misma de la extrañeza:
en ellas se yuxtaponen la Contrarreforma
y el liberalismo, la hacienda y la industria,
el analfabeto y el literato cosmopolita,
el cacique y el banquero. Pero
la extrañezade nuestras sociedades no
debe ser un obstáculo para estudiar al
Estado latinoamericano que es, precisamente,
una de nuestras peculiaridades
mayores. Por una parte, es el heredero
del régimen patrimonial español;
por la otra, es la palanca de la modernización.
Su realidad es ambigua. contradictoria
y, en cierto modo, fascinante.
Las páginas que siguen, escritas sobre
el caso que mejor...
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