El olvido que seremos

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Reseña EL OLVIDO QUE SEREMOS. Héctor ABAD FACIOLINCE Editorial Planeta, Bogotá, 2006; 274 páginas
Por: Fernando Cubides Cipagauta Sociólogo, Profesor Titular Universidad Nacional de Colombia

El hombre tiene oficio, "pasta" de escritor, y el libro está escrito de manera magnífica, con una idea clara de la composición general del texto, que dosifica la secuencia y varias veces cambia de ritmo;y en fin de cuenta sopesando y puliendo cada frase. Una escritura transparente, despojada de artificio. Escribe llano Abad, clarísimo, sin pretensión innovadora en éste libro, sin misterios; su valor es ante todo testimonial. Una suerte de exorcismo contra el olvido. Hay alquimia literaria, búsqueda constante de una expresión acabada, cuidado en la forma; pero lo decisivo en este caso es elverismo. No cabe duda que es buen hijo de un papá aún mejor, y que el libro es un homenaje merecido a un padre que además era una excelente persona y lo mataron infames personas, y en forma inicua. Pero ninguno de los anteriores, ni todos sumados, son ingredientes literarios de por sí. El que todo sea verosímil porque es verdadero, lo convierte en el mejor de los casos en un documento de época: lanuestra, la Colombia de la era narco y retratada desde uno de sus epicentros. Nada menos, pero tampoco nada más. Pero ser documento de época, para un país como el nuestro, y de una etapa tan intrincada, no es, como veremos, cosa de poca monta. Proust y no Joyce, como influencia declarada: era de temer. La cultura literaria de Abad es profunda y como él mismo sostiene preferir a uno de ellos equivale auna toma de partido, a una postura estética. Sus respectivos modos de entender la literatura, lo que llamaríamos sus credos estéticos, son tan contrapuestos (habiendo sido casi coetáneos) que es difícil encontrar con posterioridad a ellos, un hombre de letras que habiéndolos conocido no opte por una de las tendencias que cada uno representa. Modelos y no cánones estéticos; ninguno de los dos, niJoyce ni Proust, postula un canon o se da una preceptiva, aunque ésta última pudiera estar implícita en sus respectivas obras, son eso sí el origen de corrientes literarias. Al respecto solo los críticos literarios, o los profesores de literatura pretenden ecuanimidad o equidistancia. Como en la Edad media, ser partidario de San Agustín o de Santo Tomás era un imperativo, y equivalía a toda unadeclaración de

principios, así con Proust o Joyce desde mediados del siglo XX. Y me lo temía porque a mi juicio, Joyce le hubiera ido de perlas, por aquello de la ironía como antídoto para el sentimentalismo desbordado: recordemos la joyceana definición de la ironía como “el sentimentalismo vuelto al revés”. El material íntimo que en más de un pasaje parece agobiarlo, la sensiblería que resultaineludible cuando se quiere trazar el cuadro de la vida familiar de Abad, en una familia a todas luces feliz (y recordemos con Tolstoi, como lo evoca ahora Carlos Fuentes, que “todas las familias felices se parecen entre sí”) habrían recibido un tratamiento más adecuado si la postura inicial no es manierista, todo ese caudal de emociones primarias, pasadas por el tamiz de la ironía, se habríandecantado mejor, a mi ver. Aquí en cambio las instancias del amor filial, sus fluctuaciones, el lirismo con el que quieren ser revestidas, el olor de las sábanas, de la colonia paterna, por momentos nos abruman. Y eso está en relación con otra postura acerca de la prosa poética; en algún momento, confiesa Abad, lo suyo era ser poeta, no prosista; pero nos añade que endechas, versos alejandrinos, sigueescribiendo a escondidas, y que se siguen hallando, algo mimetizados, en su prosa, y en donde se delatan más son en aquellas páginas en que habla directamente de su padre; son de un lirismo que llega a ser empalagoso, de veras se echa de menos el toque de ironía. Intimista pudo serlo Joyce, al máximo, no tiene parangón en eso de tomar como ingrediente para su literatura las felicidades y...
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