El perro del hortalero

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EL PERRO DEL HORTELANO
LOPE DE VEGA
Hablan en ella las personas siguientes:
DIANA, condesa de Belflor.
LEONIDO, criado.
EL CONDE FEDERICO.
ANTONELO, lacayo.
TEODORO, su secretario.
MARCELA, de su cámara.
DOROTEA, de su cámara.
ANARDA, de su cámara.
OTAVIO, su mayordomo.
FABIO, su gentilhombre.
EL CONDE LUDOVICO.
FURIO.
LIRANO.
TRISTÁN, lacayo.
RICARDO, marqués.
CELIO, criado.CAMILO.
ACTO I
TEODORO
Quiero ver
ese ingenio milagroso.
(Lea.)
«Amar por ver amar envidia ha sido,
y primero que amar estar celosa
es invención de amor maravillosa
y que por imposible se ha tenido.
De los celos mi amor ha procedido
por pesarme que, siendo más hermosa,
no fuese en ser amada tan dichosa
que hubiese lo que envidio merecido.
Estoy, sin ocasión, desconfïada,
celosa sinamor, aunque, sintiendo,
debo de amar, pues quiero ser amada.
Ni me dejo forzar, ni me defiendo;
darme quiero a entender sin decir nada:
entiéndame quien puede; yo me entiendo.»
DIANA Dice así:
(Lee DIANA.)
«Querer por ver querer envidia fuera
si quien lo vio, sin ver amar, no amara,
porque antes de amar, no amar pensara,
después no amara, puesto que amar viera.
Amor que lo que agradaconsidera
en ajeno poder su amor declara,
que como la color sale a la cara,
sale a la lengua lo que al alma altera.
No digo más, porque lo más ofendo
desde lo menos, si es que desmerezco
porque del ser dichoso me defiendo.
Esto que entiendo solamente ofrezco,
que lo que no merezco no lo entiendo
por no dar a entender que lo merezco.
TEODORO
Que si esa dama que dices
hombre tan bajodesea,
y de quererle resulta
a su honor tanta bajeza,
haga que con un engaño,
sin que la conozca, pueda
gozarle.
(Váyase.)
TEODORO
¿Puedo creer que aquesto es verdad? Puedo,
si miro que es mujer Dïana hermosa.
Pidió mi mano, y la color de rosa,
al dársela, robó del rostro el miedo.
Tembló, yo lo sentí; dudoso quedo.
¿Qué haré? Seguir mi suerte venturosa,
si bien, por ser la empresatan dudosa,
niego al temor lo que al valor concedo.
Mas dejar a Marcela es caso injusto,
que las mujeres no es razón que esperen
de nuestra obligación tanto disgusto.
Pero si ellas nos dejan cuando quieren
por cualquiera interés o nuevo gusto,
mueran también como los hombres mueren.
Acto II
(Todos se entren por la otra puerta, acompañando a la CONDESA, y quede allí
TEODORO.)
TEODORONuevo pensamiento mío
desvanecido en el viento,
que, con ser mi pensamiento,
de veros volar me río,
parad, detened el brío,
que os detengo y os provoco
porque, si el intento es loco,
de los dos lo mismo escucho,
aunque donde el premio es mucho
el atrevimiento es poco;
y si por disculpa dais
que es infinito el que espero,
averigüemos primero,
pensamiento, en qué os fundáis.
¿Vós aquien servís amáis?
Diréis que ocasión tenéis
si a vuestros ojos creéis,
pues, pensamiento, decildes
que sobre pajas humildes
torre de diamante hacéis.
Si no me sucede bien,
quiero culparos a vós,
mas teniéndola los dos,
no es justo que culpa os den,
que podréis decir también,
cuando del alma os levanto
y de la altura me espanto
donde el amor os subió,
que el estar tan bajo yo
oshace a vós subir tanto.
Cuando algún hombre ofendido
al que le ofende defiende,
que dio la ocasión se entiende
del daño que os ha venido,
sed en buen hora atrevido,
que aunque los dos nos perdamos
esta disculpa llevamos:
que vós os perdéis por mí
y que yo tras vós me fui
sin saber adónde vamos.
Id en buen hora aunque os den
mil muertes por atrevido,
que no se llama perdido
el quese pierde tan bien.
Como otros dan parabién
de lo que hallan, estoy tal
que de perdición igual
os le doy, porque es perderse
también, que puede tenerse
envidia del mismo mal.
(Váyanse MARCELA y DOROTEA.)
ANARDA
¿Puédote hablar?
DIANA
Ya bien puedes.
ANARDA
Los dos que de aquí se van
ciegos de tu amor están;
tú en desdeñarlos excedes
la condición de Anajarte,
la castidad de...
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