El perro del regimiento

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 9 (2038 palabras )
  • Descarga(s) : 0
  • Publicado : 29 de agosto de 2012
Leer documento completo
Vista previa del texto
“EL PERRO DEL REGIMIENTO”
DANIEL RIQUELME (1854-1912)

“Uso exclusivo Vitanet, Biblioteca Virtual,2004 ”

DANIEL RIQUELME (1854-1912)

EL PERRO DEL REGIMIENTO Entre los actores de la batalla de Tacna y las víctimas lloradas de la de Chorrillos, debe contarse, en justicia, al perro del Coquimbo, perro aban2lonado y callejero, recogido un día a 10 largo de una marcha por el piadoso embelesode un soldado, en recuerdo, tal vez, de algún otro que dejé en su hogar al partir a la guerra, que en cada rancho hay un perro y cada roto cría el suyo entre sus hijos. Imagen viva de tantos ausentes, muy pronto el aparecido se atrajo el cariño de los soldados, y éstos, dándole el propio nombre de su regimiento, lo llamaron Coquimbo, para que de ese modo fuera algo de todos y de cada uno. Sinembargo, no pocas protestas levantaba al principio su presencia en el cuartel; pues nadie se ahíja en casa ajena sin trabajos, causa era de grandes alborotos y por ellos tratóse en una ocasión de lincharlo. después de juzgado y sentenciado en consejo general de ofendidos, pero Coquimbo no apareció. Se había hecho humo como en todos los casos que presentía tormentas sobre su lomo, porque siempreencontraba en los soldados el seguro amparo que el nieto busca entre las faldas de la abuela y sólo reaparecía, humilde y corrido, cuando todo peligro había pasado. Se cuenta que Coquimbo tocó personalmente parte de la gloria que en el día memorable del Alto de la Alianza conquisto su regimiento a las órdenes del comandante Pinto Agüero. a quien pasó el mando, bajo las balas, en reemplazo deGorostiaga. Y se cuenta también que de ese modo, en un mismo día y jornada. el jefe casual del Coquimbo y el último ser que respiraba en sus filas, justificaron heroicamente el puesto que cada uno, en su esfera, había alcanzado en ellas... Pero mejor será referir el cuento tal como pasó, a fin de que nadie

quede con la comezón de esos puntos y medias palabras, mayormente desde que nada hay que esconder.Al entrar en batalla —madrugada del 26 de mayo de 1880—, el regimiento Coquimbo no sabía a qué atenerse respecto de su segundo jefe, el comandante Pinto. Porque en el campo de las Yaras, días antes solamente de la marcha sobre Tacna, el capitán don Marcial Pinto Agüero, del Cuartel General, había recibido su ascenso de mayor junto con los despachos de segundo del Coquimbo y la sorpresa de todoslos oficiales del cuerpo que iba a mandar. Por noble compañerismo, deseaban éstos que semejante honor recayera en algún capitán de la propia casa, y con tales deseos esperaban, francamente, a otro. Pero el Ministro de la Guerra en campaña, a la sazón don Rafael Sotomayor, que se daba y lo tenían por perito en el conocimiento de los hombres, dispuso lo que queda dicho el mismo día en que murió tansúbitamente, dejando a cargo del agraciado la deuda de justificar su preferencia. Por estos motivos, que a nadie ofendían, el comandante Pinto Agüero no entró, pues, al regimiento con el pie derecho. Los oficiales lo recibieron con una reserva que parecía beneficio de inventario, si no estudiada frialdad. Sencillamente, era un desconocido para todos ellos; acaso sería también un cobarde. ¿Quiénsabía lo contrario? ¿Dónde se había probado’? Así las cosas y los ánimos. despuntó con el sol la hora de la batalla que iba a trocar bien luego, no sólo la ojeriza de los hombres, sino la’ suerte de tres naciones. Rotos los fuegos, a los diez minutos quedaba fuera de combate, gloriosa y mortalmente herido a la cabeza de su tropa, el que más tarde debía de ser el héroe feliz de Huamachuco, don AlejandroGorostiaga. En consecuencia, el mando correspondía —¡Travesuras del destino!—al segundo jefe; por lo que el regimiento, al saber la baja de su primero, se detuvo y dijo: —¡Aquí talla Pinto! —como quien dice: — “¡Aquí te quiero ver, escopeta!”

La ocasión, instante, en verdad, supremo, era, en efecto, diabólicamente propicia para dar a conocer la ley cabal del corazón de un hombre. Y todos...
tracking img