El pollitoº

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  • Publicado : 22 de noviembre de 2010
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En la América española la républica oligárquica conservó toda su pureza en Colombia y arraigó en esta etapa con inesperado vigor allí donde antes se había implantado mal: en las naciones mediterráneas sudamericanas, en Bolivia y Paraguay. En Colombia la conversación de Núñez había dado un jefe y un programa al conservadurismo; le había devuelto además el poder político, que iba a conservar hasta1930; entre 1899 y 1903 ese poder le fue disputado en un salvaje guerra civil, la de los mil días, que causó millares de víctimas y deshizo además la economía y las finanzas colombianas. Los partidos oligárquicios revelaban de nuevo que podían en Colombia movilizar en su séquito masas populares muy amplias, sin por ello perder su carácter. Esa calamidad y la secesión de Panamá que iba a seguirle,hicieron nacer por un momento fugaz en las elites colombianas la duda sobre la validez de las tradiciones políticas a la vez belicosas y refinadas de las que se sentían habitualmente orgullosas; el general Rafael Reyes, un conservados partidario de la reconciliación de los partidos que , con la colaboración de Uribe Uribe, el gran caudillo de la revolución liberal, estaba creando un ejército a lavez nacional y profesional, instalado en la presidencia en 1904, se propuso remodelar la vida política sobre el modelo del México porfiriano. En 1909 su permanencia en el poder, que una reforma constitucional había hecho posible, se vio impedida por protestas que tuvieron por teatro a la capital y por protagonistas a jóvenes universitarios reclutados en las familias dominantes en ambos partidos;como ya había ocurrido medio siglo antes y volvería a ocurrir medio siglo después, la inflexión autoritaria provocada por los desavaríos de los refinados gentlemen and scholars que capitaneaban los partidos colombianos se veía frustrada por la reconciliación de éstos en un esfuerzo común por salvar las instituciones.
El descenlace fue la inmediata dimisión y alejamiento de Reyes y un implícitoarmisticio enter los partidos: por veinte años los conservadores no iban a ver seramiente disputado su control de la presidencia y lo escencial del poder estatal, mientras el liberalismo dejaba de sufrir persecusiones facciosas y ganaba acceso a posiciones políticas de influjo limitado. El predominio de un partido conservador que quiere ser, ante todo, la expresión política del catolicismo se adecuamuy bien al temple colectivo reinante en una etapa de perezoso cambio económico y social.
A partir de la primera postguerra el clima económico social comienza a cambiar: en 1921 un tratado con Washington cierra el contencioso abierto por la secesión de Panamá por inciativa norteamericana, y Colombias se lanza con avidez al mercado financiero de Nueva York, que l a había estado vedado hastaentonces. En particular desde 1926, durante la gestión presidencial de Miguel Abadía Méndez, la política fiscal estimula la aceleración de la expansión económica con un ambicioso plan de obras públicas que ofrece un eco atenuado de los implementados en Perú y Chile, con recursos también aquí obtenidos del crédito y las inversiones norteamericanas.
El impacto de la expansión económica, que se apoyatambién en el del café, que gana terreno en los mercados ultramarinos gracias a la política de protección de precios mediante retención de ventas adoptada por Brasil, tiene efectos ambiguos: suben los salarios y crece la particiàción de sectores populares en el consumo de productos industriales e importados, pero la mayor demanda y la diversión de recursos de la agricultura que produce alimentosbásicos pone fin a la estabilidad de precios. Más que ésta, es de la sociedad colombiana la que buena parte de la opinión conservadora ve amenazada por el activismo del gobierno de su partido: el desencadenarse de la crisis económica acrece a la oposición a éste, tanto en filas conservadoras como liberale.
Ante un conservadurismo profundamente dividido, el arzobispo de Bogotá, a quien la costumbre...
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