El terremoto en chile (cuento)

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El terremoto en Chile
[Cuento: Texto completo]

Heinrich von Kleist

En Santiago, la más importante ciudad del Reino de Chile, justamente cuando se producía
el gran terremoto del año de 1647, en el que tantos seres perecieron, estaba atado a una
pilastra de la prisión el español Jerónimo Rugera, acusado de un hecho criminal, a punto de
ser ejecutado.
Don Enrique Asterón, uno de losnobles más acaudalados de la ciudad, le había echado de
su casa hacía poco más de un año, donde se desempeñaba como maestro, cuando descubrió
sus relaciones con su única hija, doña Josefa.
Como después de haber amonestado a su hija con severidad el noble anciano descubriese
una oculta cita que se habían dado, gracias al celo de su orgulloso hijo con este motivo
decidió confiar a la joven almonasterio carmelita de Nuestra Señora del Monte. Gracias a
una feliz casualidad, Jerónimo había podido reanudar sus relaciones con ella, de manera
que en una tranquila noche sirviendo de escena el jardín del cementerio, alcanzaron su total
felicidad.
En la fiesta del Corpus, cuando partía la procesión de las monjas, tras de las cuales iban las
novicias, acaeció que justo entonces, cuando sonabanlas campanas, le sorprendieron a la
desdichada Josefa los dolores del parto, derrumbándose sobre los escalones de la Catedral.
Este hecho provocó un escándalo extraordinario; llevose a la pobre pecadora, sin prestar
atención a su estado, a la prisión, y apenas hubo dado a luz, por orden del arzobispo se le
instruyó proceso. En la ciudad se comentó con gran saña este escándalo y las lenguas sedieron a tan agrias murmuraciones sobre el monasterio, donde había sucedido todo, que ni
los ruegos de la familia Asterón, ni el deseo de la misma abadesa, que se había encariñado
con la joven a causa de su conducta intachable, pudieron atenuar el rigor con que le
amenazaba la ley eclesiástica. Todo lo más que podía suceder era que la muerte en la
hoguera, a la que había sido condenada paraescarmiento de doncellas y damas de Santiago,
le fuese conmutada por la pena de ser decapitada. Ya se alquilaban las ventanas en las
calles por donde iba a pasar el cortejo de la ejecución, ya se levantaban los tejadillos de las
casas y las piadosas hijas de la ciudad invitaban a sus amigas a presenciar el espectáculo
que les depararía la ira divina.
Jerónimo, que estaba en prisión, creyóperder el juicio cuando se enteró del giro que
tomaba el asunto. Barajó en vano alguna posibilidad de salvación; en alas de su ardiente
fantasía sólo lograba estrellarse contra los muros y los cerrojos y un intento que hizo de
limar los barrotes de su ventana le costó ser encerrado en un calabozo peor. Entonces se
prosternó a los pies de la Madre de Dios y rezó con ardiente piedad, pues Ella era laúnica
que podía llevarle la salvación.

Al fin llegó el día señalado y sintió en su pecho que se desvanecía toda esperanza. Sonaron
las campanas que acompañaban a Josefa al lugar de la ejecución y la desesperación se
adentró en su alma. La vida le pareció repudiable y resolvió matarse colgándose de una
correa que por azar le habían dejado. Estaba, como ya dijimos, sujeto a una pilastra, eintentaba asegurar el lazo que le sacaría de este valle de lágrimas de un gancho que
sobresalía de la cornisa cuando, de repente, hundióse la mayor parte de la ciudad, con un
crujido como si el cielo se derrumbase y todo lo que alentaba vida quedó sepultado en las
ruinas.
Jerónimo Rugera quedó inmóvil de espanto, al tiempo que, como si hubiera perdido el
conocimiento, se aferró a la columnadonde había pensado que hallaría la muerte, para no
caer. El suelo se estremeció bajo sus pies, los muros de la prisión se resquebrajaron, todo el
edificio se inclinó para caer hacia la calle, lo que no sucedió gracias al edificio de enfrente,
que también había cedido y le sirvió como apoyo.
Temblando, con el cabello erizado y las rodillas que parecían querer rompérsele, se deslizó
Jerónimo...
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