El viejo y el mar

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ERNEST HEMINGWAY —Gracias —dijo el muchacho. El muchacho llevó la lata de café caliente a la choza del viejo y se sentó junto a él hasta que despertó. Una vez pareció que iba a despertarse. Pero había vuelto a caer en su sueño profundo y el muchacho había ido al otro lado del camino a buscar leña para calentar el café. Finalmente el viejo despertó. —No se levante —dijo el muchacho—. Tómese esto—le echó un poco de café en un vaso. El viejo cogió el vaso y bebió el café. —Me derrotaron, Manolín —dijo—. Me derrotaron de verdad. —No. Él no. Él no lo derrotó. —No. Verdaderamente. Fue después. —Perico está cuidando del bote y del aparejo. ¿Qué va a hacer con la cabeza? —Que Perico la corte para usarla en las nasas. —¿Y la espada? —Puedes guardártela si la quieres. —Sí, la quiero —dijo elmuchacho—. Ahora tenemos que hacer planes para lo demás. —¿Me han estado buscando? —Desde luego. Con los guardacostas y con aeroplanos. —La mar es muy grande y un bote es pequeño y difícil de ver —dijo el viejo. Notó lo agradable que era tener a alguien con quien hablar en vez de hablar sólo consigo mismo y con el mar—. Te he echado de menos —dijo—. ¿Qué han pescado? —Uno el primer día. Uno el segundo ydos el tercero. —Muy bueno. —Ahora pescaremos juntos otra vez. —No. No tengo suerte. Yo ya no tengo suerte. —Al diablo con la suerte —dijo el muchacho—. Yo llevaré la suerte conmigo. —¿Qué va a decir tu familia? —No me importa. Ayer pesqué dos. Pero ahora pescaremos juntos porque todavía tengo mucho que aprender. —Tenemos que conseguir una buena lanza y llevarla siempre a bordo. Puedes hacer lahoja con una hoja de muelle de un viejo ford. Podemos afilarla en Guanabacoa. Debe ser afilada y sin temple para que no se rompa. Mi cuchillo se rompió.

EL VIEJO Y EL MAR —Conseguiré otro cuchillo y mandaré a afilar la hoja de muelle. ¿Cuántos días de brisa fuerte nos quedan? —Tal vez tres. Tal vez más. —Lo tendrá todo en orden —dijo el muchacho—. Cúrese sus manos, viejo. —Yo sé cuidármelas. Denoche escupí algo extraño y sentí que algo se había roto en mi pecho. —Cúrese también eso —dijo el muchacho—. Acuéstese, viejo y le traeré su camisa limpia. Y algo de comer. —Tráeme algún periódico de cuando estuve ausente —dijo el viejo. —Tiene que curarse pronto, pues tengo mucho que aprender y usted puede enseñármelo todo. ¿Ha sufrido mucho? —Bastante —dijo el viejo. —Le traeré la comida y losperiódicos —dijo el muchacho—. Descanse, viejo. Le traeré la medicina de la farmacia para las manos. —No te olvides de decirle a Perico que la cabeza es suya. —No. Se lo diré. Al atravesar la puerta y descender por el camino tallado por el uso en la roca de coral, el muchacho iba llorando nuevamente. Esa tarde había una partida de turistas en La Terraza, y mirando hacia abajo, al agua, entre laslatas de cerveza vacías y las picúas muertas, una mujer vio un gran espinazo blanco con una inmensa cola que se alzaba y balanceaba con la marea mientras el viento del este levantaba un fuerte y continuo oleaje a la entrada del puerto. —¿Qué es eso? —preguntó la mujer al camarero, y señaló al largo espinazo del gran pez, que ahora no era más que basura esperando a que se la llevara la marea.—Tiburón —dijo el camarero—. Un tiburón. Quería explicarle lo que había sucedido. —No sabía que los tiburones tuvieran colas tan hermosas, tan bellamente formadas. —Ni yo tampoco —dijo el hombre que la acompañaba. Allá arriba, junto al camino, en su cabaña, el viejo dormía nuevamente. Todavía dormía de bruces y el muchacho estaba sentado a su lado contemplándolo. El viejo soñaba con los leones marinos.Agradecimientos: Al Instituto Superior de Diseño Industrial por los perfiles de las colecciones realizadas por sus alumnos: Alain Valladares Ulloa/ David Alfonso Suárez/ Osmany Lorenzo Santana/ Eduardo Sarmiento Portero/ Idania del Río González/ Alberto Barrios Gómez/ Jorge Méndez Calás/ Evelin Ruiz Crego Tomado de Colección Cocuyo, Editorial Arte y Literatura, 1976 Colección al cuidado de...
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