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  • Publicado : 28 de diciembre de 2011
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Escribí durante un día, y otro. Y otros más. Todas las mañanas iba a la orilla del río Piedra. Siempre, al atardecer, la mujer se acercaba, me agarraba del brazo y me llevaba a su habitación delantiguo convento. Lavaba mis ropas, preparaba la cena, charlaba de cosas sin importancia y me metía en la cama.
Cierta mañana, cuando ya estaba llegando al final del manuscrito, oí el ruido de un coche.El corazón me saltó en el pecho, pero no quería creer lo que me decía. Ya me sentía libre de todo, estaba preparada para volver al mundo y formar parte de él.
Lo más difícil ya había pasado, aunquequedase la nostalgia.
Pero mi corazón no se equivocaba. Sin levantar los ojos del manuscrito, sentí su presencia y el sonido de sus pasos.
-Pilar- dijo, sentándose a mi lado.
Yo no respondí.Seguí escribiendo, pero ya no podía coordinar los pensamientos. Mi corazón daba brincos, tratando de liberarse de mi pecho y correr al encuentro de él. Pero yo no le dejaba.
Él se quedó allí sentado,mirando el río, mientras yo escribía sin parar. Pasamos así toda la mañana –sin decir una palabra-, y me acordé del silencio de una noche, junto a una fuente, donde de repente entendí que lo amaba.Cuando mi mano no aguantó más del cansancio, me detuve un poco. Entonces él habló.
--Estaba oscuro cuando salí de la caverna, y no logré encontrarte. Entonces fui hasta Zaragoza- dijo-. Y fui hastaSoria. Y recorrería el mundo entero siguiéndote.
Decidí volver al monasterio de Piedra para ver si encontraba alguna pista, y encontré a una mujer.
Ella me indicó dónde estabas. Y me dijo que mehabías esperado todos estos días.
Los ojos se me llenaron de lágrimas.
-- Me quedaré sentado a tu lado mientras estés aquí junto al río. Y si te vas a dormir, dormiré delante de tu casa. Y siviajas lejos, te seguiré los pasos.
Hasta que me digas: vete. Entonces me iré. Pero te amaré por el resto de mi vida.
Yo ya no podía ocultar el llanto. Vi que él también lloraba.
--Quiero que sepas...
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