Espiritualidad catolica

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8. La liturgia

J. A. Abad Ibáñez - M. Garrido Bonaño OSB, Iniciación a la liturgia de la Iglesia, Madrid, Palabra 1988; Aquilino de Pedro, Misterio y fiesta. Introducción general a la liturgia, Valencia, EDICEP 1975; Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, Madrid, Rialp 1951; P. Fernández, Teología de la oración litúrgica, «Ciencia Tomista» 107 (1980) 355-402; J. López Martín, En el Espíritu yla verdad. Introducción a la liturgia, Salamanca, Secretariado Trinitario 1987; La oración de las horas, ib. 1984; El Año litúrgico, BAC popular 62 (1984); El domingo, fiesta de los cristianos, BAC popular 98 (1992); A. G. Martimort, La Iglesia en oración, Barcelona, Herder 1987 (ed. actualizada); A. Nocent, El Año litúrgico; celebrar a Jesucristo, I-VII, Santander, Sal Terræ 1979s; J. Ordóñez,Teología y espiritualidad del Año litúrgico, BAC 402 (1979); J. Rivera, La Eucaristía, Apt. 307, Toledo 1997; Adviento-Navidad, ib.; La Cuaresma, ib.; Semana Santa, ib.; C. Vagaggini, El sentido teológico de la liturgia, BAC 181 (1965,2a ed.); B.Velado, Vivamos la santa misa, BAC popular 75 (1986).

Véase también para los documentos de la Iglesia sobre liturgia, Documenta Pontificia adinstaurationem liturgicam spectantia, Roma 1953 y 1959 (desde San Pío X al concilio Vaticano II); Enchiridion Documentorum instaurationis liturgicæ (=EL), I (1963-1973), Marietti 1976; II (1973-1983), C.L.V. Edizioni Liturgiche, Roma 1988.

Jesucristo, sacerdote eterno

Ya en el Antiguo Testamento se había iniciado la esperanza de un Mesías sacerdotal (Gén 14,18; Is 52-53; 66,20-21; Ez 44-47; Zac 3;6,12-13; 13,1s; Mal 1,6-11; 3,1s). En el Nuevo Testamento, el sacrificio de Cristo sacerdote realiza en forma suprema la glorificación de Dios y la santificación de los hombres. Si la Alianza Antigua fue sellada en la sangre de animales sacrificados cultualmente (Ex 24,8), la Nueva vendrá garantizada por la sangre de Jesús, el Siervo de Yavé: «Esta es mi sangre, la sangre de la Alianza, que se derramapor todos para la remisión de los pecados» (Mt 26,28; +8,17).

San Pedro contempla en Jesús al Siervo sufriente que muere por los pecadores (1Pe 2,22-25;3,18). San Pablo ve en clave sacerdotal la obra de Cristo, que «se entregó por nosotros, ofreciéndose a Dios en sacrificio de agradable perfume» (Ef 5,2; 11Cor 5,7; 1 Tim 2,5-6; Tit 2,13-14). Ahora, a la derecha de Dios, intercede siempre pornosotros (Rm 8,34). San Juan nos muestra a Jesucristo como el verdadero Cordero pascual que quita el pecado del mundo (Jn 1,29.36), como pastor que da su vida por las ovejas (10), como purificador del viejo Templo (2,13-21), como nuevo Templo de Dios (2,21), que santifica a cuantos entran en él (17,17s): «Si alguno peca, abogado tenemos ante el Padre, a Jesucristo, el Justo. El es la propiciaciónpor nuestros pecados. Y no sólo por los nuestros, sino por los de todo el mundo» (1 Jn 2,1-2).

La carta a los Hebreos, que es el primer tratado de cristología, contempla ante todo a Jesucristo como Sacerdote santo, eterno, único (2,17; 3,1; 4,14-5,5). «El es el Mediador de una Alianza Nueva, a fin de que por su muerte, para redención de las transgresiones cometidas bajo la primera Alianza,reciban los que han sido llamados las promesas de la herencia eterna» (9,15). Cristo es el Mediador perfecto, porque es plenamente divino (1,1-12; 3,6; 5,5.8; 6,6; 7,3.28; 10,29), y al mismo tiempo es perfectamente humano, semejante a nosotros en todo, menos en el pecado (2,11-17; 4,15; 5,8). El es el Templo verdadero, celestial, definitivo, construído por el mismo Dios, no por mano de hombre (8,2.5;9,1.11.24). Podemos, pues, «entrar confiadamente en el santuario en virtud de la sangre de Jesús, por este camino nuevo y vivo, inaugurado por él para nosotros, a través del Velo, es decir, de su propia carne» (10,19-20; +Mt 27,51).

Mientras que los antiguos sacrificios «nunca podían quitar los pecados» (Heb 10,11), nosotros somos ahora santificados por la grandiosa eficacia del sacerdocio de...
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