Esqueleto azul

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EL ENIGMA DEL ESQUELETO AZUL

Román Calvo
PERSONAJES
Eduardo
Carolina
Héctor
Yolanda
Jiménez
PRIMER ACTO

Oficina de Eduardo. Escritorio y una amplia sala de recibir. Eduardo firma algunos papeles que Carolina le va dando. El es un hombre de 35 años, de estatura regulary complexión media, algo guapo pero, principalmente, de aspecto formal. Carolina, quien aparenta tener unos 25 años, va vestida como una secretaria común, pero con algún detalle coqueto, como un gran moño en el pelo o una vistosa flor. Aunque muestra eficiencia, es algo atropellada en su forma de moverse y de hablar.

EDUARDO: Listo. ¿Hay alguna respuesta sobre los permisos de importación?CAROLA: Ya los aceptaron, señor. Ahora estamos haciendo la lista de los químicos que se pedirán a Alemania.
EDUARDO: Bien. La revisaré el lunes. Y... Carolina, yo sé que una secretaria debe ser discreta, y que usted lo es, pero creo que no está de más que le pida reserva sobre ese asunto.
CAROLA: Solamente el jefe del laboratorio, usted y yo, estaremos enterados de esa lista. Y puedoasegurarle que por mí, nadie sabrá nada.
EDUARDO: No me refiero a los productos químicos, Carolina, sino al otro asunto.
CAROLA: (Creyendo entender.) ¡Ah! ¿El de que anda usted mal de la cabeza?
EDUARDO: (Indignado.) Yo no ando mal de la cabeza.
CAROLA: Bueno, como tiene usted cita con el psicoanalista, creí...
EDUARDO: Pues creyó usted mal. El que vaya yo con un psicoanalista, no quiere decir queesté loco.
CAROLA: ¿Loco? Yo no dije loco, ¡Dios me libre! Sólo dije que está mal de la cabeza.
EDUARDO: Bueno, viéndolo así...sí estoy algo mal, pero no de la cabeza, sino de la memoria.
CAROLA: ¿De la memoria? Pero si usted se acuerda de todo: de sus citas, de lo que me dicta, de los nombre de...
EDUARDO: Lo que tengo olvidado es mi pasado, Carolina.
CAROLA: ¡Ah!, pues ha de haber sidohorrible, para que quiera usted olvidarlo.
EDUARDO: No ha entendido bien. Lo que quiero es recordarlo.
CAROLA: ¿Aunque haya sido horrible?
EDUARDO: Es que no sé si fue horrible. (Dudoso.) O sería, ¿y por eso lo olvidé? Usted me confunde, Carolina. Ya no sigamos por ahí.
CAROLA: Como usted diga, señor.
EDUARDO: El caso es que voy con el psicoanalista para que me ayude a recordar mi pasado, sea buenoo sea malo. Porque un hombre sin pasado es como...como empezar a leer un libro al que le falten las treinta primeras hojas. ¡No entendería uno de lo que trata el libro! En fin, cuando le pedía yo reserva, no me refería a este asunto, sino al otro, al de la carta que encontramos.
CAROLA: ¡Ah, la carta! No, no. Quédese tranquilo, señor. ¡Imagínese en qué lugar pondría yo a mi jefe! Digo, a mi exjefe, porque ahora mi jefe es usted, que él ya está muerto. Y luego, ¡que se enterara su esposa, digo su ex esposa, que era del muerto y ahora es de usted ¡Ay, qué líos me hago!
EDUARDO: Pues el caso es que ahora tendrá que enterarse la esposa. Es decir la ex esposa, que ahora es mía. ¡Vaya, Carolina, ya me enredó usted a mí también! Me refiero a que Yolanda tendrá que saberlo.
CAROLA: ¡Pobreseñora! ¡Va a hacer un coraje...! Bueno, aunque eso fue hace mucho. Pero de todos modos, los celos son los celos. ¿No cree, usted?
(Héctor asoma la cabeza por la puerta.)

HÉCTOR: ¿Se puede?
EDUARDO: Pasa, pasa, Héctor. (A Carolina) Eso es todo, gracias. (Carolina sale.)
HÉCTOR: (Entrando.) No podrás quejarte. La una en punto, viernes, y tu obediente socio, en vez de largarse aCuernavaca, está en tu oficina. ¿Qué negocio tan urgente es éste, que no respeta los fines de semana?
(Héctor, como Eduardo, es de estatura regular y de complexión media, pero tiene como diez años menos y viste totalmente informal.)

EDUARDO: Casualmente, los fines de semana tuyos, no son los míos.
HECTOR: Porque no quieres. Ya te he explicado que la semana inglesa,...
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