Etica y mercado de valores

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oresÉtica y mercado de valores
Javier López de Goicoechea Zabalai
Hay que buscar remedios humanos por todas partes sobre todo para aquellos, a quienes de poco sirven los divinos. (JUAN LUIS VIVES, De subventione pauperum, II, 2)
1. Acercamiento histórico: de los valores del mercado al mercado de valores. Si entendemos por mercado de valores los negocios concertados a plazo, sea éste corto olargo, debemos retroceder al tiempo en que se produce el cambio de mentalidad sobre el valor de las cosas y, en concreto, sobre el valor del dinero. Por tanto, y sin olvidar que la actividad del préstamo a interés viene de lejos, es con la incipiente modernidad, siglos XVI y XVII, cuando surge lo que podríamos denominar cambio de paradigma económicoii. Y no de una forma casual, sino comoconsecuencia inevitable, como también en política, de la aplicación de los principios nominalistas auspiciados por autores del siglo XIV como Ockam, que comienzan a entender lo social, no como un organismo ontológico que camina hacia un fin, sino como una mera suma de agregados con intereses individuales que satisfacer. En definitiva, se trata del salto cualitativo de la antigua idea del bonum communis almoderno concepto de la utilitas communis, que en lo político se resuelve con el paso de la ontocracia al contractualismo socialiii. Este cambio de la idea de bien por la idea de utilidad tiene unas consecuencias en lo que los clásicos llamaban ordo oeconomicus de enorme trascendencia, puesto que el valor de las cosas, y en concreto el del dinero, ya no debe referirse a un orden superior o metaético,sino al puro cálculo de intereses por parte de cada componente del mercado. Así, el concepto de cambio, clave en el tema que nos movemos, había sido tratado como la “commutación de dinero por dinero”, o como “la negociación, trato y comercio de valores con vistas al lucro y al interés”, por parte de los escolásticos. Esta segunda definición, que corresponde a español Pedro de Ledesma, resultaabsolutamente moderna en su concepción y revolucionaria en cuanto que no exige la presencia del metal o moneda para que exista el hecho comercial y financieroiv. Es más, puede que sea una de las primeras afirmaciones del valor independiente de la configuración material del mismo. Y si a esta novedosa concepción le añadimos la definición aportada por el también español Martín de Azpilcueta sobre elarte de cambiar, como “la pericia que utiliza el cambista con vistas al lucro en el cambio de las monedas”, tenemos ya configurados los dos elementos esenciales para una valoración del mercado: el hecho de la finalidad crematística individual del comercio de valores; y el hecho psicológico de la pericia o habilidad en lucrarse por medio del cambio de valoresv. Pues bien, ambas manifestaciones queencontramos reconocidas en pleno siglo XVI por autores poco sospechosos de no seguir los dictados escolásticos al uso, nos abren el camino de la modernidad en cuanto valoración de las operaciones financieras por su lucro, sin atender a cualquier otro tipo de finalidad ético-comunitaria. De hecho, la antigüedad y el medievo vivieron de la concepción ética de cuño aristotélico-tomista sobre laesterilidad del dinero; es decir, el cambio como un proceso antinatural que distorsiona la función del dinero que no ha de ser sino un instrumento para la adquisición de cosas necesarias. Por tanto, esta concepción puramente instrumental de la moneda hace imposible cualquier acercamiento ético al lucro en cuanto tal. Ahora bien, el propio Francisco de Vitoria se da cuenta de que si cesara el cambio conla mera utilidad lucrativa, cesaría el comercio y cesaría la actividad de los tratos entre mercaderesvi[vi]. Por tanto, suprimir el cambio y el comercio del dinero equivaldría a colapsar la vida y el desenvolvimiento económico-financiero de todo un país. Otra cosa es la doctrina patrística sobre la finalidad social, no sólo del dinero, sino de cualquier actividad económica, en consonancia con su...
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