Fabulas.

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Jean de LaFontaine:

LA CIGARRA Y LA HORMIGA
Cantó la cigarra durante todo el verano, retozó y descansó, y se ufanó de su arte, y al llegar el invierno se encontró sin nada: ni una mosca, ni un gusano.
Fue entonces a llorar su hambre a la hormiga vecina, pidiéndole que le prestara de su grano hasta la llegada de la próxima estación.
-- Te pagaré la deuda con sus intereses; -- le dijo --antesde la cosecha, te doy mi palabra.
Mas la hormiga no es nada generosa, y este es su menor defecto. Y le preguntó a la cigarra:
-- ¿ Qué hacías tú cuando el tiempo era cálido y bello ?
-- Cantaba noche y día libremente -- respondió la despreocupada cigarra.
-- ¿ Conque cantabas ? ¡ Me gusta tu frescura ! Pues entonces ponte ahora a bailar, amiga mía.

No pases tu tiempo dedicado sólo alplacer. Trabaja, y guarda de tu cosecha para los momentos de escasez.

EL LEON Y EL RATON.
Dormía tranquilamente un león, cuando un ratón empezó a juguetear encima de su cuerpo. Despertó el león y rápidamente atrapó al ratón; y a punto de ser devorado, le pidió éste que le perdonara, prometiéndole pagarle cumplidamente llegado el momento oportuno. El león echó a reir y lo dejó marchar.
Pocos díasdespués unos cazadores apresaron al rey de la selva y le ataron con una cuerda a un frondoso árbol. Pasó por ahí el ratoncillo, quien al oir los lamentos del león, corrió al lugar y royó la cuerda, dejándolo libre.- Días atrás – le dijo – te burlaste de mí pensando que nada podría hacer por tí en agradecimiento. Ahora es bueno que sepas que los pequeños ratones somos agradecidos y cumplidos.Moraleja: Nunca desprecies las promesas de los pequeños honestos. Cuando llegue el momento las cumplirán.

José Joaquín Fernandez de Lizardi

La tortuga y la hormiga Y LA HORMIGA
En un pozo, una tortuga
a cierta hormiga decía:
─ En este mísero invierno,
dime, ¿qué comes, amiga?
─ Como trigo ─le responde─,
y maíz y otras semillas,
de las que dejo en otoño
mis bodegas bien provistas.
─¡Ay! ¡Dichosa tú!─ exclamaba
la tortuga muy fruncida─:
¡Qué buena vida te pasas!
¡Qué bien te tratas, vecina!
Mientras yo, ¡pobre de mi!,
en este pozo metida
todo el año, apenas como
una que otra sabandija.
─ Pero en ese largo tiempo,
¿qué haces? ─pregunta la hormiga.
Y la tortuga responde:
─ Yo, a laverdad, día por día
me estoy durmiendo en el fondo
de este pantano o sentina,
y es raro verme en el suelo
arrastrando la barriga.
─ Pues entonces no te quejes
─le contesta la hormiguilla─
de las hambres que padeces,
ni de tu suerte mezquina:
porque es ley muy natural,
y al hombre también se aplica,
que al ser que nunca trabaja,
la penuria lo persiga.Celia y la mariposa.
ELIA Y LA MARIPOSA
Estaba Celia hermosa
una noche leyendo entretenida,
cuando una mariposa
entró, vido la luz e, inadvertida,
en torno de ella tantas vueltas daba,
que alguna vez las alas se quemaba.
La ve Celia y la dice:
—Mariposilla incauta, considera
que víctima infelice
morirás en la llama lisonjera
que tanto te apasiona y te provoca.Desengáñate, pues, y no seas loca.
No te acerques, detente;
huye la cierta ruina que prepara
a tu vida inocente
esa llama brillante, esa luz clara,
entre cuyos ardientes resplandores
no hallarás sino sustos y dolores.
Esa llama es un fuego
inclemente, voraz, violento y duro;
mas tu apetito ciego
te la hace concebir un bien seguro;
y creyendo gozar de mil placeres,
entregarte a la muerte sóloquieres.
Es como amor la llama.
Huye, Mariposilla, su presencia.
Advierte que Celia ama
y te habla con muchísima experiencia.
Amor y fuego lejos disimulan
su veneno, de cerca ya no adulan.
Huye, pues, los voraces
incendios que delicias consideras.
Huye antes que te abrases:
admite mi consejo antes que mueras.
¡Oh, cuántas mariposas racionales
deben aprovechar avisos tales!

FEDRO...
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