Freud: el malestar de la cultura, el amor y las drogas

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Artículo publicado en la revista LiberAddictus. Para consultar más artículos haga click en: www.infoadicciones.net

Freud: el malestar de la cultura, el amor y las drogas
Cuando en el amor y las drogas se sabe cómo se empieza pero no cómo se termina

Fernando Bilbao Marcos*

E

l título de éste artículo alude, como veremos, irremediablemente a S. Freud. Pero se queda corto. Quizá esmejor decir que en la mayoría de las relaciones humanas uno cree saber cómo empieza algo, pero no cómo va a acabar. En psicoanálisis sabemos que aprendiendo de la experiencia podríamos evitar caer en los mismos errores. Sin embargo, esto es un ideal y, por tanto, no siempre es posible aplicarlo. Los escritores nos hablan de ello. Milán Kundera, en La insoportable levedad del ser, nos señala que, alvivir sólo una vez, no tenemos más remedio que sufrir las consecuencias de no saber que nos depara el futuro a cada uno de nosotros. Jorge Luis Borges, en su poema Instantes, ya decía que si volviera a nacer haría muchas de las cosas que dejó de hacer. Susana Tamaro, novelista italiana, en su obra Donde el corazón te lleve, señala que hay cosas en la vida que se deciden en un instante y nosdeterminan para siempre, sin haberlo advertido. Las consideraciones anteriores me vuelven al título de mi trabajo y a la influencia de Freud. Todo o casi todo cuanto comenzamos lleva a un fin último: encontrar la felicidad. Éste es justo el análisis de Freud en El malestar de la cultura (1930). Entre los medios que, principalmente, el mundo occidental ha utilizado para encontrar la felicidad están el amor,el uso de drogas, la religión y el cambio en los sistemas sociales para llegar al comunismo. Siempre en cualquier sujeto se descubre que, ya sea para él mismo o para el bien de todos, persigue en sus actos lo que Karl Popper señala en su libro En busca de un mundo mejor: “La búsqueda de un mundo mejor, al igual que la investigación de nuestro entorno, es (si no estoy equivocado) uno de losinstintos más antiguos e importantes de todos los instintos de vida”. Sin embargo, las cosas no siempre suceden como uno las busca, muchos 1

factores intervienen en esto. Ya mencionamos algunos condicionantes intrínsecos de nuestra existencia. En Puntualizaciones del amor de transferencia (1915), Freud mencione que: “Uno no se gobierna tan bien que de pronto no pueda llegar más lejos de lo que sehabía propuesto”. Es decir, uno sabe cómo comienza, pero no sabe cómo termina en el inicio de una relación. En la lectura de los sentimientos, el Yo, aparentemente agente de control y equilibrio, se cree con el poder de controlar y conducir los sentimientos. Cree saber. Cree poder. No obstante, uno es sujeto del inconsciente. Pero lo sabemos, así es en todo enamoramiento. De repente, sin saber cómo,nos encontramos pensando de manera compulsiva en el otro. El sentido de nuestra vida se revoluciona. Es tormenta cuando no somos correspondidos, y apasionada alegría, cuando coinciden los sentimientos con la persona amada. No nos gobernamos como dice Freud. Vivimos por y para el otro. Nos anulamos y se anula nuestro objeto amoroso. Respirar, crear, proyectar, vivir, no tienen sentido sin el otro.El rostro se hace vital, seguro y alegre. Como dice Alberoni, en el enamoramiento se rompe con la dictadura de lo cotidiano, con el aburrimiento (que a decir de algunos autores, es lo que subyace en las adicciones de los jóvenes estadounidenses). Es un estado naciente que tal vez transite a lo estable, a lo sereno del amor. O tal vez se rompa y no soporte las duras pruebas de la incertidumbre.Entonces es volver a vivir el sentimiento de la nada, del vacío. La mortífera monotonía que no queríamos se nos vuelve a aparecer. De un estado de locura pasamos a otro. Del enamoramiento, medicina loca de la felicidad, nos encontramos ante la ausencia del otro amado, y con ella, el insoportable dolor del desamor, al que Freud se refiere como una de las grandes fuentes del sufrimiento humano. Freud...
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