Hacerse como niños

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EL NIÑO, REVELACION DEL SER HUMANO A ESCALA MAS HUMANA

De José María Cabodevilla en “Hacerse como niños” BAC, nº 538 Madrid, 1994

I
En verdad, todas las cosas humanas podrían calificarse de infantiles. Debo aclarar que esta palabra no contiene en principio ningún juicio de valor, no supone un reproche ni tampoco un elogio: se trata de una estimación másbien de orden físico.
Es evidente que todo cuanto el hombre hace resulta pequeño, pobre e inconsistente. No me refiero a la visión que pueda tener Dios de nuestras obras, sino a la que tendría de ellas, por ejemplo, un extraterrestre algo más evolucionado. Ya sabemos que todo lo humano es “pequeño” en un sentido muy preciso, según el vocabulario defendido por los maestros de la infanciaespiritual; pero aquí no se trata de una magnitud espiritual, sino material. Aquello que el mundo pueda considerar más grande es en realidad bastante pequeño, no sólo a los ojos de la fe sino también de la razón, quiero decir desde una perspectiva medianamente razonable.
Por supuesto que la vida del mayor personaje de la tierra se reduce a una trama cotidiana de actos casi siempreinsignificantes, tales como buscar las gafas o decidir qué hará el próximo fin de semana. ¿Y cuando tiene que decidir sobre un tema de gobierno de gran trascendencia? Un día en que Juan XXIII se hallaba especialmente preocupado por algún grave problema de la Iglesia, tuvo una súbita iluminación y exclamó: "¡Pero si yo sólo soy el Papa!” Al advertir su pequeñez y la pequeñez de su cargo, inmediatamente recobróla paz. Hay una frase de Teresa de Lisieux que a estos personajes tan importantes debería inducir a la alegría tanto o más que a la humildad: «Es muy posible permanecer pequeño aun en los cargos más temibles» (OC 990).
Sin embargo, insisto, no hace falta situarnos en un plano espiritual para afirmar que todo lo humano resulta infantil. Ciertamente hay en el hombre muchas cosas que ya aprimera vista nos parecen infantiles: sus condecoraciones y entorchados, su deseo de salir en televisión, sus celos, sus desafíos, su envidia hacia el vecino que ha sido nombrado concejal, su negativa a aceptar las evidencias, su resistencia a dejarse ganar al dominó por su propio hijo. Todo esto, en efecto, es muy pueril, pero yo creo que no es más pueril que el resto de las cosas humanas, sólo es másexplícitamente pueril.
No son infantiles únicamente los niños, los payasos, los músicos que tocan el bombo o los santos que practican la infancia espiritual, sino también todos los hombres y todas las mujeres del universo mundo.

II
Los hombres, las mujeres y los filósofos.
¿De veras la grandeza del ser humano reside en su capacidad de pensar? Pascal lo definiógloriosamente como una «caña pensante». Pero tiene más de caña que de pensante, más de frágil que de racional.
Demócrito afirma que los griegos son mentirosos; ahora bien, Demócrito es griego; por consiguiente, Demócrito miente, por consiguiente, es falso que los griegos sean mentirosos; por consiguiente, Demócrito no miente; por consiguiente, es cierto que los griegos son mentirosos; por consiguiente,Demócrito miente... He aquí el ejemplo clásico de esos argumentos que llamamos bicornutos. Cualquier persona más o menos inteligente advertirá en seguida que se trata propiamente de un entretenimiento infantil. Pero ¿es que los demás argumentos son menos infantiles? ¿No es infantil todo el discurso filosófico -el discurso humano por excelencia- que los hombres han montado a lo largo de lossiglos? Una monótona sucesión de objeciones filosóficas a los sistemas filosóficos, una marcha circular en torno a un poste del cual pende un cartel: ¿qué es la verdad?
Bien es cieno que hoy ya no se escriben aquellos enormes tratados de metafísica que antes eran habituales. ¿Por qué? Jaspers dio la razón de ello: porque «el filósofo actual ha perdido la ingenuidad». Sin embargo, hoy se...
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