Halperin resumen de america latina

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Tulio Halperin Donghi, Historia Contemporánea de América Latina, Madrid, Alianza Editorial 1986, (Primera Parte, Cap 1) Fragmentos.
Ese edificio colonial que, a juicio de los observadores benévolos, había durado demasiado, entró en rápida disolución a principios del siglo XIX; en 1825 Portugal había perdido todas sus tierras americanas, y España sólo conservaba a Cuba y Puerto Rico, ¿Por quéeste desenlace tan rápido? Retrospectivamente se le han buscado (y desde luego encontrado) causas muy remotas, al­gunas de ellas latentes desde el comienzo de la conquista; al lado de ellas se han subrayado otras cuyos efectos se habrían hecho sentir acumulativamente a partir de la segunda mitad del siglo XVIII.
Por lo menos para la América española, para la cual el problema se presenta con mayoragudeza, se han subrayado una y otra vez las consecuencias de la sólo parcialmente exitosa reformulación del pacto colonial: precisamente porque éste abría nuevas posibilidades a la economía indiana, hacía sentir más duramente en las colonias el peso de una metrópoli que entendía reservarse muy altos lucros por un papel que se resolvía en la intermediación con la nueva Europa industrial. La luchapor la independencia sería en este aspecto la lucha por un nuevo pacto colonial, que —asegurando el contacto directo entre los productos hispanoamericanos y la que es cada vez más la nueva metrópoli económica— conceda a esos productores accesos menos limitados al mercado ultramarino y una parte menos reducida del precio allí pagado por sus frutos.
Al lado de la reforma económica estaba la reformapolítico-administrativa. Se ha visto ya cómo ésta no había resuelto los problemas fundamentales del gobierno de 1a América española y portuguesa: el reclutamiento de funcionarios dispuestos a defender, con una honradez que las dificultades de su tarea hacía heroica, los intereses de la Corona frente a demasiado poderosas ligas de intereses locales. Pero no haya duda de que esa reforma aseguró alas colonias una administración más eficaz que la antes existente. Esta era —según una fórmula incisiva de J. H. Parry— una de las causas profundas de su impopularidad, pues los colonos prefieren tener que enfrentar una administración ineficaz, y por eso mismo menos poderosa. Pero no era la única: al lado de ella estaba la tan invocada de la preferencia de la Corona por los funcionariosmetropolitanos. (…) Con lo que la protesta contra el peninsular, que debía su carrera a su origen metropolitano, a veces escondía mal la repulsa del testigo molesto llegado de fuera del cerco de complicidades localmente dominante (y que en el mejor de los ca­sos era preciso introducir en él mediante el soborno). La misma resistencia –expresada en idéntica hostilidad hacia los peninsulares- se manifestabafrente a los cambios en la estructura comercial: ese enjambre de mercaderes metropolitanos que en la segunda mitad del siglo XVIII avanzaba sobre los puertos y los nudos comerciales de las Indias, cosechando una parte importante de los frutos de la activación económica, era aborrecido aun por quienes no habían sido afectados directamente por su triunfo.
Convendría no exagerar las tensionesprovocadas por intento de reordenación de las Indias; convendría, sobre todo, advertir más claramente que si ellas autorizaban algunas alarmas sobre el futuro del lazo colonial, de ningún modo hacían esperar un desenlace tan rápido; por el contrario, los conflictos que ellas parecían anticipar só1o hubiesen podido madurar en un futuro remoto: ellas anuncian, más bien que una cercana catástrofe, losdelicados y lentos reajustes de una etapa transición necesariamente larga.
¿En la renovación ideológica que (junto con la cultura hispánica en su conjunto) atravesaba la iberoamérica a lo largo del siglo XVIII ha de hallarse, causa menos discutible del fin del orden colonial? Pero esa renovación -colocada bajo el signo Ilustrado— no tenía necesariamente contenido políticamente revolucionario. (…) No...
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