Hay algo mejor que el dinero

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JAMES HADLEY CHASE
¿HAY ALGO MEJOR QUE EL DINERO?



























Título original: What’s Better Than Money
Traducción: Mary Williams
EMECÉ – El Séptimo Círculo 183















































PRIMERA PARTE


CAPÍTULO PRIMERO
1
HABÍA ESTADO tocando el piano enel bar de Rusty durante cuatro meses, más o menos, cuando conocí a Rima Marshall.
Llegó al bar una noche atroz en que la lluvia se desplomaba sobre el techo de zinc y los truenos retumbaban a la distancia.
Había solamente dos clientes en el bar, ambos borrachos. Rusty estaba detrás del mostrador, repasando en forma muy mecánica los vasos. Del otro lado del pasillo en un reservado,Sam el mozo negro, leía un programa de carreras. Yo, sentado al piano.
Estaba tocando un nocturno de Chopin. Daba la espalda a la entrada. No la vi ni la oí entrar.
Después, Rusty me contó que la muchacha llegó alrededor de las veintiuna, protegiéndose de la fuerte lluvia. Estaba empapada, y se sentó en uno de los reservados a mi derecha y detrás de mí.
A Rusty no le gustabatener mujeres solas en su bar. Por lo general las despedía, pero como el local estaba prácticamente vacío y llovía a torrentes la dejó estar.
Ordenó una Coca, y luego encendiendo un cigarrillo, apoyó los codos sobre la mesa y fijó melancólicamente la mirada en los dos borrachos del bar.
Habían trascurrido unos diez minutos, cuando las cosas comenzaron a ocurrir.
De súbito lapuerta del bar se abrió con estrépito y entró un hombre. Dio cuatro pasos vacilantes hacia el interior, como un hombre que camina sobre un barco en movimiento, y luego, abruptamente, se detuvo.
Fue entonces que Rima comenzó a gritar, y fue entonces que me di cuenta de su presencia y del hombre que había entrado.
Su grito me sobresaltó, haciendo que me volviera para mirarla.Siempre recordaré la primera visión que tuve de ella. Tenía alrededor de dieciocho años. El pelo era del color de la plata bruñida, y los grandes ojos eran de un azul cobalto. Tenía un sweater escarlata liviano que destacaba sus pechos y pantalones negros ceñidos. Su aspecto era harapiento y desaliñado, como si llevara una vida muy ruda. Sobre una silla, a su lado, había dejado un sacón dematerial plástico, que tenía un corte en una manga, y que estaba muy estropeado.
En reposo, hubiera sido bonita a la manera que lo son tantas muchachas de su edad que andan bulliciosamente por las aceras de Hollywood, en busca de trabajo en un estudio. Pero ella no estaba precisamente en reposo en aquel momento.
Era desagradable observar el terror en su cara. La boca, tan abierta por elgrito sostenido, era un agujero en su rostro. Apretaba el cuerpo contra la pared como un animal replegándose en su madriguera, y sus uñas producían un sonido que erizaba al arañar la pared en un desesperado y fútil intento de escapar.
El hombre que había entrado parecía surgido de una pesadilla. Tenía alrededor de veinticuatro años, era bajo, menudo, con un rostro afilado, blanco como grasade oveja congelada. El pelo negro y largo, pegado a la cabeza por .la lluvia, le caía a ambos lados de la cara en mechones lacios. Eran los ojos los que le daban esa apariencia de pesadilla. Las pupilas enormes casi llenaban por completo los iris, y por un momento tuve la impresión de que se trataba de un ciego. Pero no era así. Miraba a la aterrorizada muchacha, y su rostro tenía una expresiónque me asustó.
Vestía un traje azul, gastado, una camisa sucia y una corbata negra que más parecía un cordón de zapatos. Las ropas estaban empapadas, y desde las vueltas de los pantalones, goteaba el agua formando dos pequeños charcos sobre el piso.
Por tres o cuatro segundos permaneció inmóvil observando a Rima, y luego, su boca malignamente apretada emitió un sonido sibilante....
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