Heregias

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  • Publicado : 25 de abril de 2011
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Introducción
          La fe Cristiana no se manifestó al mundo para instalarse cómodamente transformándolo, como por arte de magia, en un suave manto pleno de simplicidad y paz. Muy por el contrario lo hizo incomodándolo, revelando su carácter laberíntico y contradictorio, con sus claroscuros, cumbres y abismos. En ese ámbito, ‘rebelde a Dios’, se desarrolló la Fe Cristiana, sinconfundirse ‘con’ el mundo, pero convirtiéndose por obra de su fundador N.S. Jesucristo, en el punto de encuentro entre Dios y el Hombre, entre el Creador y la criatura.
            A lo largo de los más de dos mil años de la progresiva vida de la Iglesia de Cristo, innumerables fueron las tensiones y desafíos que debió padecer (y que aún padecerá), motivadas por las diversas desviaciones de lasenseñanzas dejadas por el Divino Maestro, sin lugar a dudas promovidas por ‘el padre de la mentira’ y sus lacayos.
            Aquellos que persiguen la destrucción del cristianismo (y cuyas asechanzas continuarán hasta el final de los tiempos), siempre inician su labor por el mismo lugar, cual es, pervirtiendo la conciencia de los hombres y llevándolos a desconocer el principio de ‘autoridad’, principiodel que la Iglesia está legítimamente revestida.
            En esa encrucijada de la historia es cuando surgen las herejías, las pasadas y las presentes, como fiel producto ‘del mundo’. Al encontrarse su espíritu marcado por aquella ‘rebeldía a Dios’, puede afirmarse que su exteriorización no es sino una reacción pesimista y desesperanzada, un contra-mensaje al revelado por Cristo, reacción quea veces se ha manifestado  con rostro brutal e inhumano y otras con apariencia benévola y humana.
            Es por ello que la Iglesia, como indiscutible depositaria de la Verdad Revelada, tuvo que salir al encuentro de una amenaza que muchas veces, por su magnitud y beligerancia, hizo que muchos cristianos creyeran estar viviendo el final de los tiempos anunciados en las Sagradas Escrituras.            Tal réplica no sólo permitió liquidarlas al arrancarlas de raíz, sino que –y he aquí la trascendencia de las herejías- provocó la construcción de ese noble y monumental obra que constituyó la definición dogmática de las Verdades depositadas a su cuidado, y cuya formulación permitió la consolidación de un sistema, de un todo al que llamamos Cristianismo.
            En otraspalabras, con la debida asistencia del Espíritu Santo, la Iglesia pudo construir el necesario cimiento en el que los cristianos lograron depositar  y velar por la ortodoxia de aquellas Verdades y sin el cual, como ha acontecido a lo largo de la historia, fácil e inexorablemente el Hombre hubiera caído en el absurdo, en el desatino propio a la que está condenada toda especulación meramente humana (dada suinclinación a la infidelidad o mejor aún a la ‘rebeldía’), y que por ello se encuentra fatalmente condenada a no penetrar en lo propio de Dios.
            Mucho mejor lo expresa el cardenal Ratzinger cuando afirma: “Voy a hacer una observación. Quien estudió en los tratados de teología (.....), verá un cementerio de tumbas de herejías en las que la teología muestra los trofeos de las victoriasganadas. Tal visión no presenta las cosas como son, ya que todos esos intentos que se han ido excluyendo a lo largo de la historia, como aporías o herejías, no son simples monumentos sepulcrales de la vana búsqueda humana; no son tumbas a las que en visión retrospectiva con cierta curiosidad, inútil, al fin; cada herejía es más bien la clave de una verdad que permanece y que nosotros podemosahora juntarle a otras expresiones también válidas; en cambio, si las separamos, nos formamos una idea falsa. Con otras palabras: esas expresiones no son monumentos sepulcrales, sino piedras de catedral; serán útiles sino permanecen sueltas, si alguien las integra en el edificio; lo mismo pasa con las formulas positivas: sólo son válidas sin son conscientes de su insuficiencia. El jansenista,...
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