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  • Publicado : 21 de marzo de 2011
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LA ACCION TUTORIAL: UNA ADOLESCENCIA COMPARTIDA

Podríamos decir que la adolescencia es una etapa propia únicamente de los jóvenes que llegan a nuestras vidas y se quedan a formar parte de ellas no por poco tiempo: quizá para siempre. Sin embargo, es sabido que la empatía nos abre caminos impensables para
tratar de entender la risa, el enojo y/o el llanto de quienes apenasconocemos.
No sé hasta dónde convenga bajar nuestro nivel de adultos para convivir con los alumnos; pero sí sé que el papel de “conocedores de la vida”, en ocasiones, arremete contra frágiles estructuras que demandan atención; frágiles entre comillas, porque a muchos la realidad les ha mostrado sólo su cara adversa y el único camino es crecer antes de tiempo.
Muchas veces, antelos cuestionamientos que nos plantean los adolescentes, quisiéramos poder contestar “Haz lo que quieras: rómpele el alma a la vida si fuera necesario, pero sal del marasmo que te agobia.”
¿Sería pedagógica una sugerencia tal? Seguramente, nada ortodoxa pero sí humana puesto que, si va acompañada de la invitación a sobrevivir, le ofreceríamos también elementos para lograrlo; así,acudiendo al pensamiento de Savater , le recomendaríamos lo siguiente:
“…Una cosa es que hagas “lo que quieras” y otra bien distinta que hagas “lo primero que te venga en gana “(1)
No siempre tenemos la respuesta salomónica para los alumnos ni para los padres, si pudiésemos conversar con ellos, sobre todo cuando éstos piensan que el ingreso en la Escuela Superior implica adquisición demadurez desde el primer día de clases, dejando de lado la edad y el entorno de los propios jóvenes, por lo que desearían escuchar en nosotros el eco de su propia voz.
La adolescencia paralela asoma cuando miramos en los educandos nuestro reflejo y esto nos lleva a la reflexión: ¿Acaso yo actué como quise cuando tuve la misma edad? ¿Cómo puedo, entonces, canalizar los temores o lasaudacias de lo tutorados sin caer en riesgos extremos? Ya sé: en este trance es cuando el realismo mágico de nuestra vida nos ubica en el presente; cuando la madurez y la experiencia sientan sus reales impulsándonos a volvernos canónicos: a dictar normas y consejos imbuidos de buenas intenciones y grandes esperanzas de ayuda para el joven.
Mucho he pensado en torno a los diversosproblemas que aquejan a nuestros alumnos, ya que algunos provienen de hogares disfuncionales y otros han sido víctima de todo tipo de agresiones. Por fortuna, existen quienes gozan de una estabilidad familiar aceptable y lo expresan tanto a través de sus actitudes, como en su rendimiento académico.
En cambio, resulta preocupante ver a los primeros, resignados ante su propio dramao sucumbiendo ante él; buscando romper el silencio que envuelve una realidad que los lastima pero que no saben cómo enfrentar, por eso acuden al tutor.
Bajo esta óptica, nuestra función adquiere mayor relevancia puesto que, si bien no debemos resolver el o los problemas de los estudiantes, sí nos exige brindarles apoyo presencial y la orientación que esté a nuestro alcance paraque, a partir de sus propios recursos intenten resolver el conflicto, cuando esto sea factible, sabiendo que detrás estaremos nosotros para intervenir en el momento pertinente.
En alguna ocasión me he preguntado cuándo es que me buscan los alumnos: ¿cuando están enfermos; cuando les sorprende la magnitud del problemas que quizá ellos mismos provocaron en la escuela o cuandorequieren hablar con un adulto ajeno a sus padres y maestros?
Cualquiera que sea la respuesta, me complace que lo hagan porque fortalece mi espíritu y aunque nuestra percepción del problema sea distinta, abordarla juntos es benéfico porque lo mismo protestan que analizan mis planteamientos y ,si los rechazan, también se llevan la idea de “no todo está perdido: mucho depende de mí y puedo...
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