Historia de un mojado

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  • Publicado : 5 de julio de 2010
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Historia de un mojado
El autobús saldría en una hora y tenía que estar listo. Llegó el momento de partir. Había colocado en su maleta unas cuantas pertenencias: tres pantalones diseñados paraguardar en invisibles compartimentos unos pocos billetes, camisas de algodón, tenis de media vida y unos sueños dibujados en una fotografía familiar.
Recorrió con una mirada melancólica el pasaje,oscuro aún, que llevaba a su casa y que no volvería a ver por un largo tiempo. De nuevo besó a su mujer y se disolvió bajo las sombras de un viejo amate, antes que las lágrimas rodaran por su pétreamejilla de rasgos indígenas.
La terminal parecía un cementerio en fiesta. Los vendedores ambulantes ofreciendo desayunos económicos, dulces, chicles. Nada apetecía a los ojos de José, mientrasmiraba desde la ventana como queriendo grabar el instante. Buscó una vieja libreta y pensó en escribir lo que no quería olvidar. El autobús se puso en marcha y allí comenzó la otra mitad de suvida.
Sin mayores dificultades durante aquel día viajaron por carreteras verdosas, mientras el cielo diáfano dejó entrever unas nubes lejanas. La tensión se volvió sueño. Se acercaban a la rutamás temida. Durante el trayecto encontró a otros, que como él, buscaban el tan anhelado cambio. Aquellos peregrinos del alba temían a los lobos rapaces del camino. José había escuchado historiasimpresionantes sobre lo que la policía mexicana hacía a los migrantes. Pero para el miedo nunca se está preparado.
Llegaron a un paraje inhóspito donde la piel asoleada era camuflada por la hierbamarchita. Decenas de hombres cansados se apostaban a la orilla de la línea férrea, esperando el momento. Hacían tiempo a la vida o la muerte misma. “El capuchino”, como era llamado aquel treninfernal que atravesaba una selva mustia en tierras mexicanas, les esperaba en algún lugar.
La estación de Arriaga estaba como una caldera aquel mediodía. Una mujer de voz angustiosa les suplicaba...
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