La columna de hierro capitulo 16

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LA COLUMNA DE HIERRO
Tylor Caldwell

CAPITULO 16

La casa de los Ciceroni estaba tranquila. Helvia, incapaz de seguir soportando lo que su conciencia creía un abuso, persuadió a Arquías para que se buscara otro cliente en la ciudad.
-Sólo los dioses saben cuándo podré pagarle todo lo que le debo -le dijo- Su presencia aquí, querido Arquías, me aviva constantemente el doloroso recuerdo denuestra penosa situación.
Así que Arquías se trasladó a casa de un cliente rico que tenía varios hijos. Lo hizo de mala gana, pero honró así el alto concepto que tenía de la señora Helvia. También sospechaba que Helvia había perdido finalmente la paciencia respecto a Tulio y estaba decidida a obligarle a retomar el interés por las cosas de la vida. Así que Tulio se vio obligado a salir cadamañana penosamente de su cubículo para enseñar a su hijo menor. Como su esposa esperaba, su salud mejoró y se interesó por las lecciones de su hijo.
Ya hacía dos años que la dueña de la casa había casado a Eunice con el liberto Athos, que ahora era el capataz de la isla cercana a Arpinum. En cierto modo ahora podía trasladarse allí sin correr peligro. Athos y Eunice estaban muy ocupados en restaurarla casa y la granja.
Quinto, que ya había cumplido los diecisiete años, había sido investido con la toga viril el año anterior. Le sentaba bien. Estaba decidido a ser soldado y Helvia, valiéndose de las amistades de los Helvios, buscaba que le dieran un buen destino. Mientras tanto, Quinto, con buen humor pero también sintiendo impaciencia, estudiaba el griego con su padre y trataba decomprender la filosofía. Consideraba que ninguna de las dos cosas era necesaria para un buen romano, pero jamás se habría atrevido a decírselo a su padre, que era el más cariñoso de los hombres. Los cantos de Homero lo dejaban aturdido y consternado. Churreteaba los preciosos pergaminos de Tulio con sus torpes dedos sudorosos. Su cara, ya de por sí tan coloreada, como la de su madre, se le encendía a causadel esfuerzo y a sus hermosos ojos acudían las lágrimas, dolorido consigo mismo a causa de su incapacidad para comprender lo que su padre le describía como la más noble de las leyendas. Aunque admiraba a Aquiles como soldado, pensaba que era un loco al no haber tomado precauciones con su vulnerable talón. A Paris lo tenía por chiflado al haber llevado a su país a la ruina y el desastre sólo porel amor de una mujer, por hermosa que fuera. Pero ¿qué se podía esperar de un hombre que prefería ser pastor antes que soldado? Príamo, aquel viejo estúpido, debía haber cortado inmediatamente el cuello a Helena o, mejor aún, haberla devuelto a su legítimo esposo. Héctor, el noble soldado, era el único que despertaba la admiración de Quinto.
Quinto pensaba que en la Ilíada no había nada de lalógica romana. La Odisea estaba un poco mejor; pero a la luz de la razón, ¿cómo pudo ser seducido Ulises por Circe? No era posible que los hombres perdieran así la razón ante una mujer. Quinto, a quien su madre ya le había aconsejado que buscara una esposa conveniente, todavía no había visto una doncella que le hiciera sentirse indiferente ante un plato de comida.
Aunque hacía tiempo que habíadejado de asistir a la escuela de Pilón, había conservado a sus amigos, que tanto le admiraban y querían. Entre ellos figuraba Julio César. Todos habían vestido la toga viril juntos por primera vez, en la misma ceremonia. Julio sabía que Quinto no era muy inteligente, pero reconocía que tenía virtudes que admiraba en los otros pero se cuidaba mucho de refrenar en él. Quinto podía ser simple, pero eraleal. Su conversación podía resultar ingenua, pero jamás mentía. Quinto tenía poca imaginación y Julio había aprendido hacía tiempo que es mejor para los hombres ambiciosos rodearse de seguidores que tienen poca fantasía, porque las fantasías dan origen a especulaciones, las especulaciones dan paso a los experimentos y los experimentos a la acción directa...; cosas todas ellas peligrosas para...
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