La culpa es de la vaca

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BIOGRAFIA DE JAIME LOPERA
Jaime Lopera, colombiano, es un escritor y periodista radicado en la ciudad de Armenia (Quindío), donde trabaja como asesor de empresas. Es colaborador de algunos diarios como Portafolio y La Crónica y fue presidente de la Fundación Pluma, Arte y Literatura, en Bogotá. También ocupó algunos cargos sobresalientes en la administración pública de su país.
Ha publicadosolamente dos libros de cuentos: La perorata (1967) y El minotauro insólito (1986), y tiene varios inéditos. Pero algunos de sus relatos, como «El reposo del arriero», aparecen en el libro Pensamiento quindiano (editado por Nodier Botero para la VIII Feria del Libro y publicado por la Secretaría de Cultura del Quindío, 1996); y el cuento «Campesinos», que se muestra en Contemporáneos del porvenir(Primera Antología Colombiana de Ciencia Ficción, editada por René Rebetez, Espasa Narrativa, Bogotá, 2000). De igual modo, su nombre figura en la Antología del cuento corto colombiano (compilada por Harold Kramer y Guillermo Bustamante, para el Centro Editorial Universidad del Valle, Cali 1994). Algunas de sus narraciones fueron publicadas por la revistas Número, Golpe de Dados, dirigida por MarioRivero, y en Pluma, dirigida por Alfonso Hanssen y el poeta Jorge Valencia Jaramillo.
Sus cuentos cortos obedecen a la línea de short short stories (también llamada minimalista), característica en autores tales como Jorge Luis Borges, Juan José Arreola, Marcel Schowb, Monterroso y Anderson Imbert, entre otros.
Su libro de compilación de fábulas e historias para la gerencia, La carta a García yotras parábolas del éxito (Circulo de Lectores, Bogotá, 2000) lleva ya diez ediciones en varios países de América Latina
1
No se conocen los detalles más emocionantes y prolijos del regreso de Joyce a Dublín porque los testimonios son pocos y débiles en esa descripción. Pero ninguno de sus personajes, ninguno quiso escaparse del asedio en que los había puesto el novelista, ni mucho menos lo hizoFinnegan cuyo sueño estaba materializado de contrastes. Joyce recorrió las calles de la ciudad confusa antes de hacer una pausa como observador de los acontecimientos de la primera guerra, de la cual el dublinés fue un testigo apasionado y sensible. Pero aquellos que recuerdan el recorrido de Leopoldo Bloom por Dublín saben de qué manera le importaban los pequeños detalles como saber el número deárboles que había en Eccles Street.

2.
En cambio, García Márquez llegó a su natal Aracataca dizque de improviso, muy por la mañana, recién que los gallos habían emitido su último gorjeo y se disponían a su ejercicio matinal de arrinconar a las gallinas. Un sol picante empezaba a corretear por el pueblo, muy dispuesto a fatigar los techos de paja y de zinc con aquellos ramalazos de fuego caribeñoque se multiplicaban en las aguas del gran río.
Cuando estaba llegando a la plaza, convencido de su anonimato, observó a un grupo de personas que venían hacia él vestidas de marimonda y al compás de una charanga que caminaba detrás de todos haciendo ruido para que la gente bailara y saliera de sus casas a mirar el cartel que llevaban las mujeres. «Aracataca se llamará Macondo», decía el trapo delas muchachas mientras reían sonoramente y sudaban sus mejillas de mulatas. Ninguna sabía que muy allá, en un rincón de Angola, un diminuto pueblucho africano llevaba ese mismo nombre de Macondo en memoria de una tribu pacífica que por allí había merodeado cien años atrás con el cuento de unos pececillos dorados que se metían en la sangre de los menesterosos.

3.
Durrell, por su parte, nopodía visitar el pueblo de Santamaría porque Juan Carlos Onetti era celoso de su territorio y además al inglés le costaba dificultad penetrar en ese idioma suramericano con tamaña lingüística —¡como si él pudiera hablar de la retórica!— y no tanto porque a Lidia o a Clea les viniese mal comparar su Alejandría o su Avignon con aquel pueblo uruguayo donde los marineros latinos se las dan de poetas en...
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