La decena tragica

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Era muy de mañana el 9 de febrero de 1913 cuando se escucharon los primeros balazos. Un grupo de conspiradores arremetía contra el Palacio Nacional. La guardia presidencial era tomada por sorpresa. Alguien pretendía tomar el gobierno de la nación. Por fortuna, el presidente Madero no se encontraba ahí, estaba a salvo en el Castillo de Chapultepec. ¿Pero quién podría encabezar esta sublevación?¿Quién pretendía quitar del poder al hombre que había traído la democracia al país?
    Los autores de esto podían ser muchos. Para el inicio de 1913, el adjetivo "popular" no podía aplicarse a don Francisco I. Madero. Todavía no llegaba siquiera a dos años como presidente y se podía decir que algunos tigres con rabia tenían más amigos que él. Y eso que apenas unos meses atrás la gente había votadopara que este hombre llevara al país a la prosperidad basado en la justicia y la paz. Lo cierto es que intentar arreglar un país que estaba más desordenado que el clóset de un adolescente, no era sencillo. Después de todo, se trataba de un desorden que venía arrastrando treinta años de injusticias y desigualdades. No era fácil ayudar a los pobres sin que los ricos protestaran; o conceder apoyo alos terratenientes sin que los campesinos resultaran perjudicados. Así que, como era de esperarse, la gente comenzó a sentirse decepcionada de su mandatario. Y este desencanto pronto se vio reflejado en descarados insultos y burlas. Hasta los periódicos se mofaban de él, y por casi todo: por ser educado, por ser buen esposo, por respetar a la gente, por ser optimista y hasta por ser vegetariano.Como era de esperarse, no faltó mucho para que el descontento popular se viera expresado en huelgas, intrigas y hasta en un golpe de Estado.
    Cuando en la madrugada de ese 9 de febrero los rebeldes tomaron el Palacio Nacional, no contaban con que el general Lauro Villar, comandante militar de la plaza, lo recuperaría con la ayuda de sesenta hombres. Y aunque seguía existiendo la duda sobre quiénestaba detrás de este ataque, para nadie fue sorpresiva la acción. Mucha gente llevaba tiempo convencida de que casi cualquier otro candidato hubiera podido ser un mejor presidente que Madero. Y ésta no era la primera vez que un grupo armado intentaba derrocar al presidente. Meses antes, un militar llamado Félix Díaz, por cierto, sobrino del dictador Porfirio Díaz, y un general de nombre BernardoReyes habían levantado las armas contra el gobierno legítimo, convencidos de que eran ellos los destinados a ocupar la silla presidencial. Afortunadamente para Madero, los dos inconformes fueron derrotados y encarcelados antes de que pudieran cumplir sus planes. Era claro que semejantes sublevados merecían un castigo ejemplar. Pero ¿cuál? ¿La pena de muerte? Madero, fiel a sus convicciones y alrespeto de los derechos humanos, decidió perdonar a los infractores y no los mandó fusilar, como se estilaba por aquellas épocas, cuando a la menor provocación la gente acababa con los ojos vendados frente a un pelotón de fusilamiento. Y aunque no lo creas, muchos pensaban que eso era lo que Madero debió haber hecho... y tal vez no estaban tan equivocados... y ahora verás por qué.
    El 9 defebrero de 1913, después de repeler ese primer ataque, por un momento los soldados que defendían el Palacio creyeron que todo había terminado. Estaban equivocados. Un nuevo grupo se acercaba. Ahora las cosas quedaban claras. Un ejército de rebeldes encabezado por el general Manuel Mondragón acababa de liberar a los generales Félix Díaz y Bernardo Reyes.
    El grupo de Reyes se acercaba al Palacio,confiado en que ya estaría bajo el control de los rebeldes. Eso decidió su destino. Cuando intentaron tomar el Palacio, fueron repelidos por las tropas leales a Madero. El general Reyes quedó muerto en pleno zócalo.
    Mientras tanto, Madero decidía abandonar el Castillo y dirigirse al Palacio Nacional. Fue una decisión muy valiente, pero un tanto precipitada, ya que, como podrás suponer, en...
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