La estacion del arco iris

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  • Publicado : 23 de febrero de 2011
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La Promesa del Arco Iris
(The Rainbow Promise)
-Lisa Gregory-

1

Las manos de Luke Turner asían con fuerza la empuñadura del arado, y los músculos de sus brazos se perfilaban por el esfuerzo de mantener la trayectoria de la reja detrás de la pareja de mulas. El hierro hendía el suelo, despegaba los negros terrones, los deshacía y los volteaba con la vertedera para formar los surcos.
Elsol le calentaba la espalda y el fresco olor de la tierra recién removida le inundaba la nariz. Luke amaba la tierra más que a nada, excepto a Sarah y la hija de ambos; sentirla entre las manos y bajo los pies le proporcionaba un placer primitivo y se llenaba de un profundo orgullo al imaginar los brotes nuevos apuntando en primavera y el esbelto maíz y el algodón blanco y tupido a punto dereventar en tiempo de cosecha. Amaba incluso el sudor y el trabajo deslomador que tensaba su cuerpo hasta el límite.
La tierra era buena en cualquier época, bajo el calor abrasador del verano o durante el barbecho en invierno, pero era ahora, en la primavera, cuando estaba en su mejor momento; todo renacía, y el arado se hundía en el suelo fértil para dar comienzo a un nuevo ciclo de crecimiento. Losdías eran cálidos, pero no asfixiantes todavía, como ocurría en verano; los árboles empezaban a florecer y reverdecían con los vástagos recién nacidos; el prado y la loma que había detrás de la casa estaban cuajándose de flores primaverales, campanillas azul púrpura, botones de oro amarillos, margaritas silvestres y prímulas rosa pálido. El mundo resplandecía, renovado y dulce, nada parecíaimposible y Luke estaba imbuido de la fuerza y la promesa de la tierra, tan pletórico de vida pujante como los árboles y las plantas.
Al final del surco hizo dar media vuelta a la yunta; paró un momento para echarse el flequillo hacia atrás; tenía el cabello empapado de sudor y se le pegaba a la frente y a la nuca. Aunque el día estaba templado, tenía mucho calor por el esfuerzo continuado de mantenerel arado en línea recta; le dolían los músculos de la espalda y de los brazos. Miró hacia el sol, se estaba haciendo tarde y Sarah empezaría pronto a preocuparse; terminaría un surco más y regresaría a casa, no fuera a ser que a ella se le ocurriera salir a buscarlo; no debía moverse en su estado.
Arreó los animales, abrieron la última hendidura, y emprendieron el camino de vuelta. Cuandollegaron a la cuadra desunció las bestias y las dejó sueltas por el corral. Se encaminó a la casa, pero se detuvo un poco para observarla, para contemplarla de verdad, no como si se tratara de una parte de su vida y su rutina. La vio como si fuera la primera vez, antigua, con dos pisos, pintada el otoño pasado, con las contraventanas verdes. Un pequeño porche y tres escalones comunicaban la puertalateral con el patio; otro porche más amplio, visible sólo en parte desde ese ángulo, recorría la fachada principal, con su enrejado de madreselva cobijando un rincón. En la parte de atrás se encontraba la glorieta emparrada de Sarah, que pronto estaría cubierta de hojas, y sombreada en el interior. No lejos de allí había un enorme roble, todavía desnudo, cuyo inmenso tronco se dividía en dos a unosciento veinte centímetros del suelo; una de las ramas se curvaba hacia abajo y se extendía por el patio; su densa sombra proporcionaba el lugar más fresco de la granja durante el verano. Había también un peral, ya moteado de flores, y dos pequeños melocotoneros plantados por él mismo dos años atrás. Alrededor de la casa comenzaban a florecer el arbusto de forsitia amarillo brillante y los junquillosde Sarah. En la parte de delante había más árboles frutales, y, ya cerca del camino, el inamomo donde se había detenido la primera mañana que llegó para trabajar, sin chaqueta, temblando y mirando hacia las ventanas iluminadas. Aquel día, Sarah salió a la puerta y le pidió que entrara.
Había una criatura sentada en el último escalón del porche lateral jugando entre el barro con un palo, su...
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