La Hija De La Pachamama

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  • Publicado : 18 de diciembre de 2012
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La hija de la Pachamama.


Esta historia empieza, como tantas otras, con un muchacho que era muy, pero muy pobre. Se llamaba Juan, vivía en los cerros y tan necesitado estaba que no tenía nada para comer: ni una cucharada de locro del día anterior, ni un pedazo de galleta dura, ni un granito de choclo. ¿Qué podía hacer? Lo único que le quedaba era ir a cazar para traer un poco de carne. Asíque se calzó las ojotas de cuero, se puso el poncho remendado u el sombrero estropeado, y salió de su rancho bajo y medio torcido, sin cerrar la puerta porque ni eso tenía.
Caminó un buen rato por un senderito que caracoleaba subiendo y bajando entre las piedras, y al fin llegó a lo de un vecino, un viejito que lo conocía desde que él era chico. Lo encontró muy atareado, atando manojos depaja para arreglar el techo.
Juan lo saludó y le pidió prestada un arma para cazar. El hombre era de poco charlar, pero de mucho ayudar; así que lo escuchó sin abrir la boca, se metió en la casa y volvió a salir con un fusil anticuado y cuatro balas en un trapito.
-Más no tengo –le dijo-. Cuidá la puntería.
Después trajo la pava y le convidó unos mates. Al menos con eso en la panza, elmuchacho se despidió y se fue, prometiendo devolver el arma esa misma tarde.
Pero el asunto no resultó fácil, porque no encontraba ningún animal que sirviera para comer. Alguna culebra flaca se escurrió entre los yuyos, algún pajarito menudo pasó piando y nada más.
Juan siguió horas caminado sin suerte, y empezó a subir y subir un nevado, que se llamaba así, claro, porque era un cerro quetenía la cumbre siempre tapada de nieve. Y entonces, arriba, a lo lejos, vio un animal. Era una vicuña que andaba sola. Se le acercó todo lo que pudo, apuntó con cuidado y tiró. El balazo retumbó entre las piedras, pero ¡nada más! La vicuña empezó a trotar sin mucho apuro, alejándose. Juan cargó otra evz el fusil, trepó otro poco y volvió a tirar.
Fue puro ruido, porque el animal siguió como sinada, al trotecito y siempre hacia arriba por el cerro. Juan cargó de nuevo y le fue por detrás, empecinado: ¡no se le iba a escapar! Pero el tercer tiro fue otro fracaso.
-Va a ser mejor que me acerque bien y no me tiemble el pulso, porque me queda una sola bala –dijo, y trepó un poco más.
La vicuña subía y subía, y por momentos se perdía de vista entre pedregones y huecos del cerro.Cuando Juan hizo el último tiro, ella desapareció de repente.
-¡Le di! –gritó él y se acercó corriendo.
Pero entonces, de detrás de una piedra apareció una chica delicada, de cuerpito delgado y ojos muy grandes, con pestañas largas. Estaba enojadísima.
-¿Qué esto de andar a los tiros? –lo encaró-. ¡Mirá si me pegás a mí!
-Per… perdón… -contestó Juan, que no esperaba encontrar a nadieen esas soledades-. Es que estaba cazando y no te vi…
-¿Cazando? ¡Qué bonito! ¡Lastimar a los pobres animales!
-¡Pobres animales, sí, pero yo algo tengo que comer! –le contestó el muchacho, fastidiado-. ¡A mí me chiflan las tripas de hambre!
Entonces, la chica de ojos grandes lo miró un poco y le dijo:
-Si te casás conmigo, vas a tener de todo.
-¿Es una broma? –preguntó Juan,desconcertado.
-No, es en serio. Pero nos tiene que dar permiso mi mamá. Vení.
Lo agarró de la mano y lo fue llevando por el cerro hasta que encontraron a una mujer muy vieja.
-Mamita –dijo la muchacha-. Me quiero casar con él.
La mujer se le acercó y le empezó a dar vueltas alrededor, estudiándolo con unos ojos desconfiados que le asomaban brillantes entre las arrugas de la cara.-Yo no sé qué le ves –dijo al rato-. No me parece gran cosa este muchacho. Pero bueno, si te gusta, es asunto tuyo. Por mí, está bien. Mirá –agregó-: yo les voy a dar lo que precisen para vivir. No les va a faltar nada: casa, ropa, plata, ganado, buenas chacras para sembrar. ¡Pero cuidadito con maltratar a mi hija! –amenazó a Juan.
-No, señora, ¡cómo voy a hacer eso! –dijo él.
-Y te...
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