La imposibilidad del cigoto

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  • Publicado : 2 de febrero de 2011
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La imposibilidad del cigoto
1. No tengo hambre.
-Las personas son lo peor que te puede pasar- las palabras pronunciadas por una amiga, estupenda compañera de embriaguez, a la mitad de una noche tóxica, resuenan en el núcleo de mi fatigado cerebro. Sus ondas sonoras chocan contra las paredes del cráneo, los ecos no cesan.

Ugly truth…

En la cocina lleno dos vasos con agua simple yregreso a la mesa, deposito uno de los recipientes frente a Vivian. Creo escuchar un gracias apenas susurrado, o quizás no. Corto algunos trozos de carne y los ingiero, mi tenedor revuelve el arroz tímidamente. No tengo hambre. Al igual que casi todo lo demás, comer se ha vuelto un acto mecánico. No recuerdo con claridad la sensación que indica la necesidad, propia del cuerpo, de engullir alimentos.Normalmente, esté ella o no, me siento a la mesa a las horas indicadas y simplemente consumo mis porciones. Comer sin hambre es tan incómodo como dormir sin sueño, o como besar a alguien sin deseo, pero uno se acostumbra. Son formas sencillas de matar el tiempo, ese cúmulo de horas que siendo tan escaso, en ocasiones parece insoportablemente infinito.

Levanto por un momento la mirada y noto queVivian ya casi ha terminado. Siempre ha sido una de esas personas que mastican muy rápido, alegando que no les gusta dilatarse más de lo necesario con estas nimiedades, estas molestas obligaciones biológicas. Pero desde hace algún tiempo parece que estuviera en competencia consigo misma, rompiendo su propia marca de velocidad. Mi plato, al contrario, se me antoja inagotable, permaneceprácticamente igual que al principio. Repito: no tengo hambre. Le doy un sorbo a mi vaso y repentinamente quiero decir algo, iniciar una charla, pero nada se me ocurre, nada que valga la pena articular acude a mí, y entre más me esfuerzo, más me quedo en blanco. Efecto de vacío, así que mejor dejo de intentarlo.

Y entonces, salvándome momentáneamente de mi vacuidad, ella suelta la lengua: -Ayercompré una película, creo que es de un director que te agrada, se llama El Animal Antropomórfico, la veré en la noche… ¿Te apetece?- .

La voz se introduce lentamente en mis oídos, cierta incredulidad me hace vacilar. No lo pienses demasiado, no pretendas leer entre líneas, me digo, antes de hablar: - Claro, sí… me agrada la idea-.

2. Entropía

Salgo de la librería, son las cuatro de latarde. Está nublado pero aún así un leve bochorno persiste en el ambiente. Un calor errático que se pega a la piel y se queda ahí en forma de un sudor sutil, asqueroso. Como una caricia húmeda y fingida. De todos modos prefiero concentrarme en esa desagradable sensación, por externa, que intentar averiguar cómo me siento bajo ese límite, mi vidriosa epidermis. Por favor quedémonos en lasuperficie, es más seguro. Debajo de las formas tan sólo asecha la entropía; moléculas desbordantes en completo desorden. Entre la multitud de personas que pasean, se encuentran y se pierden, en las calles del centro de la ciudad, enciendo un cigarro y me abro camino hacia la estación subterránea más cercana.

En los alrededores de la entrada del metro me detengo de golpe, algo (o quizás alguien)absorbe mi atención, los ojos no son capaces de dejar de mirar. Junto a lo que parece un pequeño triciclo, improvisado y chapucero, un hombre pide limosna con una lata que sostiene en la mano, agitándola cada tanto para llamar la atención. Las monedas resuenan con un sonsonete metálico. Él no emite sonido alguno, probablemente también sea mudo. Unos pocos transeúntes le conceden una parca cantidad dedinero, ninguno se detiene por más de unos pocos segundos, ninguno lo mira realmente, lo cual es perfectamente entendible. No es un espectáculo agradable, en términos estrictos. El hombrecillo es un viejo encogido. No es un enano de circo, nadie lo elegiría para representar a un munchkin en la pantalla grande, pero sus piernas son especialmente repugnantes. La asimetría entre su cuerpo y esos dos...
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