La jota de bergerac

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La jota de Bergerac (versión completa)
Uncategorized Noviembre 14, 2009
Las jotas que nos vestimos de mujer somos seres fascinantes, dijo Alexia.
Entre el bufe y la anorexia, el rush y la putería, el dopaje y las canciones de amor no correspondido, Alexia era la más bonita, la más escultural, la más perfecta de todas las “vestidas” de la ciudad. Sólo tenía un defecto, la nariz. Un promontorioobsceno, insultante, desproporcionado. Empecinado en desafiar la delicadeza de su rostro de modelo europea de imitación. Libre de imperfecciones, de impurezas, de cicatrices.
Las jotas que nos vestimos de mujer somos seres fascinantes, repitió frente al espejo.
“Él me mintió. Él me dijo que me amaba. No era verdad. Él me mintió”. La voz de Amanda Miguel salía de una grabadora en forma de güevo.Oír esa canción mientras se colocaba la peluca se había convertido en un ritual insondable. Ni Marisela, ni Lupita D’ Alessio, ni Myriam de la Academia, conseguían sacarla del masomeneo que experimentaba cada noche de sábado antes de salir a putear. De qué le servía lucir más guapa que cualquiera de las “vestidas” que recorrían la avenida Morelos si nunca había ganado el Miss Gay.
Alexis era unajota masomeneada. Soñaba con encabezar la marcha del orgullo gay. Había nacido para ser una reina. Y sus clientes la llamaban niña, nena, princesa. Pero nunca reina. Una primera dama, pensaba, no puede presumir una nariz como esta. Por eso no me colocan la corona. Cada año participaba en el concurso. Cada año ganaba en la categoría de mejor figura. Cada año los jurados anhelaban entregarle elprimer lugar, pero en cuanto la miraban a la cara se decidían por otra participante. La nariz de Alexia los ofendía. Fue entonces, después de perder tres ocasiones consecutivas el certamen, que decidió operarse.
Así como a cada puta le llega su padrote, a cada loca le nace su mayate. Y el mayate inconcebible de Alexia no era ningún cholo, ningún albañil, ningún malandro. Su explotador era su propianariz. Que lo obligaba a prostituirse incansablemente los fines de semana. “El cuerpo es un tirano” había oído decir a una “vestida”. Hasta que otra la corrigió, “No, mana. El tirano es el culo”. “La verga es la tirana”, terció otra más. Todas estaban equivocadas, pensaba Alexia. La única tirana era la verdad. Y la verdad de Alexia era que pertenecía a esa clase de joto que luce mejor vestido demujer que de civil.
Existen dos clases de “vestidas”. Las vestidas de tiempo completo, las full y las que sólo se transforman para trabajar. Alexia era una mujer. A la que no le importaría esclavizarse para siempre a unos tacones si no fuera por la mendiga nariz que le otorgaba una apariencia freak. En el “ambiente” los defectos de fábrica son el tormento personal. Las lonjas, las piernas flacas,la falta de senos. Pretextos ideales para ejercer la falta de autoestima.
Y qué es una jota sin autoestima. Una jota feliz. Desinhibida. Pero Alexia no podía ser feliz, no siendo tan fashion. Que se resignaran las malhechas, las hombrunas, las marranas. Ella no. Ella se encontraba a una cirugía de la perfección. “Antes muerta que operada”, le había ladrado una “vestida” afuera de La rueda. Pincheenvidiosa, pensó Alexia. Pero ora que me haga la rinoplastia me voy a levantar a toda la puta ciudad y las voy a dejar sin clientes, culeras.
Las jotas que nos vestimos de mujer somos seres fascinantes, insistió Alexia.
Le prendió una veladora a San Judas Tadeo y salió a la calle. Era una morena de espectacular. Qué diferencia con su atuendo de Alex. Como hombre era una figura sin chiste,ignorable. El atractivo de su cuerpo desaparecía. Por el contrario, las mallas y la minifalda lo convertían en un objeto deseable a cualquier hora de la madrugada. Era tan escandaloso el contraste que como Alex jamás había logrado levantarse un hombre.
Aquella noche no se decidía a hacer la Morelos o a sentarse en la esquina de La plaza de armas o a plantarse afuera de La rueda. En los últimos...
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