La necesidad del ridiculo

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“Empiezo a escribir este ensayo sentando una firme protesta en contra de la idea de obra de arte y de su aire de superioridad y carácter sublime e intocable. Cuando pienso en una “obra de arte” designada como tal por su creador, pienso en un artista que no está haciendo un trabajo lo suficientemente bueno. La obra de arte no le concierne al artista, que de serlo, nunca llega a dar suficiente desí mismo como para llegar a hablar de obras y de arte.

“El artista verdadero debe saber que lo limita su arte no es el talento, sino el tiempo para desarrollarlo. Una vida no es suficiente. Por esto, la “obra de arte” concierne a aquellos que alaban en ella el reflejo de su propia ignorancia e incapacidad. Me parece descarado y conformista por parte del artista el pensar que está creando obrasde arte. Sólo alguien que desconozca la historia y subestime la capacidad artística de aquellos que le rodean y aquellos que aún no conoce, sería capaz de tal indiscreción. Yo no lo soy.”

ARDILA OLMOS, Karen. De Los intentos no pueden ser obras. Bogotá, 2004

Oceanografía

Invitación al ridículo

Pienso que el ridículo es el elemento dinámico, creador e innovador de toda conciencia que sequiera viva y que experimente lo vivo. No conozco ninguna transfiguración de la humanidad, ningún salto audaz en la comprensión ni ningún descubrimiento pasional fecundo que no haya parecido ridículo a sus contemporáneos. Pero eso no es prueba suficiente, pues todo lo que supera el presente y el límite de la comprensión parece ridículo. Hay otro aspecto y ése es el que me interesa: ladisponibilidad, la vida eterna, la fecundidad eterna de un acto, de un pensamiento o de una actitud ridícula. El ridículo nos enseña siempre: cada uno lo puede asimilar e interpretar a su manera, se es libre de sacar de él lo que se quiera y de hacer con él lo que uno desee. No sucede lo mismo con lo que es racional, justificado, verificado, reconocido. Se trata aquí de verdades o actitudes que no conciernena la vida presta a aparecer. Convierten al mundo en una plataforma estable. Nadie las discute, nadie duda de su veracidad. Pero están muertas. Su victoria es su lápida. Son adecuadas para las familias, las instituciones y la pedagogía.
Uno puede leer un buen libro, uno de esos libros perfectamente escritos, perfectamente construidos, destacados por la crítica, aprobados por el público, coronadosde premios. Un buen libro, es decir, un libro muerto. Es tan bueno que en nada conmueve nuestro marasmo ni nuestra mediocridad; por el contrario, se integra perfectamente en nuestros cortos ideales, en nuestros pequeños dramas, en nuestros vicios mezquinos, en nuestras pobres nostalgias. Eso es todo. En diez o en cien años ya nadie lo leerá.
Todo lo que no es ridículo, es caduco. Si tuviera quedefinir lo efímero diría que es todo lo que es perfecto, toda idea bien expresada y bien delimitada, todo lo que se muestra racional y comprobado. A menudo la mediocridad tiene como atributos “perfecto” y “definitivo”.
Los tomos de filosofía de un profesor francés de provincias están mucho mejor escritos, son mucho más racionales y serios que cualquier panfleto del siglo XIX que fecundó decenasde ideas y fue comentado en decenas de libros. Evitar el ridículo significa rechazar la única posibilidad de inmortalidad. El único contacto directo con la eternidad. Un libro que no sea ridículo, o una idea unánimemente aplaudida de entrada, ha renunciado, por el hecho mismo de su éxito, a toda potencialidad, a toda posibilidad de ser retomado y continuado.
Creo que una buena definición delridículo sería ésta: lo que puede ser retomado y profundizado por otro. No me refiero al ridículo maquinal, como el del hombre vulgar con una chistera o la niña haciéndose pasar por mujer fatal. Ése es un ridículo superficial, un ridículo social creado por automatismos e inhibiciones, sin fecundidad espiritual, como todo acto reflejo.
Pero pensemos en el ridículo de Jesús, que afirmaba ser hijo de...
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