La noche de francisco tario

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La noche de Francisco Tario
Ivan Lastra
Nadie ha explicado satisfactoriamente lo que es la noche. Y mucho peor que nadie, del modo más brutal y rudimentario, los astrónomos. ¡Oh, qué tiene que ver la noche de los prostíbulos, y de los templos cerrados, y los hospitales, con la noche de que hablan los astrónomos! Equinoccio Oscuridad, no: no tema. Oscuridad, nunca. Ni en la más tenebrosa nochedel Calendario le faltará a su merced el consuelo de un relámpago que, en el peor de los casos, alcanzará a iluminar el infierno. Acapulco en el sueño

Hace 65 años, en 1943, se publicó La noche del féretro y otros cuentos de la noche, libro aplaudido por unos, criticado por otros y olvidado por los más al no formar parte de ninguna corriente existente en la literatura nacional. Además porque suautor era un exfutbolista del Asturias, pianista de poca mota y un estrafalario rapado llamado Francisco Peláez, bajo el seudónimo de Francisco Tario. En ese entonces Rulfo, Revueltas y Paz todavía no figuraban en las pláticas literarias y la palabra vanguardia aún recordaba la mano extranjera, que tanto odio despertaba entre los defensores del proyecto de nación soberana. El momento histórico detoda Latinoamérica se reflejaba en una ignorancia autoimpuesta del resto del mundo. En ese encierro voluntario, entre nuestras propias paredes, se debía exaltar lo nacional, lo realmente mexicano. En ese contexto aparece Francisco Tario para recordarnos que en las ciudades y pueblos de México también se esconde el sol y con éste, puede desaparecer aquello que frena la locura y nos separa comoespecie, para acercarnos a los perros que muerden por miedo o simple aburrimiento. Se atrevió a escribir fuera del realismo sin dejar de ser realista, porque decir que era un escritor fantástico —como ahora se hace con tanta ligereza— es acusarlo impunemente de huidizo, y un arquero profesional podrá hacer cualquier cosa, pero nunca escapar de su destino abandonando la portería. Definitivamente Tariono es un escritor fantástico; lo fantástico sería negar que los fantasmas de los que escribe, los nacidos en la memoria pasada y en el miedo al futuro, se presentan a la menor provocación en nuestras historias nocturnas. Tario se sumerge en otra realidad, una más tangible, palpable y concreta, más profunda y real: la realidad que se experimenta al encontrarse a solas y sin palabra alguna, cuandouno se sorprende ante el espejo, con la navaja de afeitar en la mano o el cepillo de dientes en la boca, de frente ante el melancólico abandono de lo que ha sido y nunca más podrá ser fuera de la catástrofe que nos arrastre a todos a esa unidad de la que con la luz, el tiempo y las palabras, nos hemos ido alejando para hacernos sentir más ridículamente humanos.

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Fue uno de los primerosescritores mexicanos en cuestionar y ridiculizar públicamente las instituciones hasta entonces sagradas: la familia, la religión, la justicia y el conocimiento. Pero su crítica no fue una simple expresión nihilista sino una búsqueda de su verdad y, en este sentido, como lo confirman los excéntricos detalles de su vida, fue un precursor y practicante del libre pensamiento en un contexto en el cual esosonaba a simple locura. Hasta hace poco, Tario era un espectro excluido de los ensayos literarios. Hoy cobra cada vez más presencia, incluso, desde hace algunos años, como pretexto protagónico para exigir su reconocimiento público —hasta un nicaragüense muy encabronado clama porque los nietos de Tario rindan culto a la memoria de su abuelo—. Desafortunadamente, la exigencia cada vez másgeneralizada por celebrar a un personaje como Tario podría resultar tan ridículo como el busto de Rulfo en un jardín de la Colonia Roma —con una burlona flamita de bronce saliendo de las páginas de un libro para explicar hasta al más corto de entendimiento que se trata de El llano en llamas—, porque el homenaje en extremo didáctico termina siendo chiste involuntario por falta de imaginación, y sería una...
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