La puerta del señor maletroit

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  • Publicado : 5 de septiembre de 2012
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Denís de Beaulieu tenía alrededor de los veintidós años, pero aunque tan joven, ya se consideraba hombre hecho y derecho y cumplido caballero. Los muchachos se formaban pronto en aquella ruda y lejana época; y cuando se había tomado parte en una batalla, se montaba bien a caballo, se había dado muerte a un hombre con todas las reglas del arte y se sabía un poco de estrategia, era cosa corrientepermitirse cierta licencia en los placeres. El joven después de atender cuidadosamente a su caballo, cenó con ganas y animadamente al atardecer se dispuso a hacer una visita, cosa no muy prudente por parte del muchacho. Mejor hubiera sido quedarse ante el fuego o retirarse a descansar honestamente, porque la ciudad estaba llena de las tropas aliadas borgoñesas e inglesas y aunque Denís teníasalvoconducto, éste le hubiera servido de muy poco en caso de un mal encuentro.

Era el mes de septiembre de 1429. Hacía muy mal tiempo; un viento frío y desagradable mezclado con chaparrones azotaba los edificios de la ciudad, y las hojas secas se arremolinaban en las calles. Aquí y allá empezaban a iluminarse algunas ventanas; y el ruido que hacían los soldados al tomar alegres disposiciones para lacena se oía en los intervalos de calma. La noche se venía encima; la bandera de Inglaterra que flotaba sobre la torre de la ciudad se hacía cada vez menos distinta; las errantes nubes volaban como gigantescas golondrinas sobre la inmensidad del espacio. Al llegar la noche, aumentó la potencia del viento que empezó a rugir bajo los portales de la plaza y a sacudir con violencia los corpulentosárboles en el valle cerca de la ciudad.

Denís de Beaulieu caminaba apuradamente y no tardó en llegar a la puerta de su amigo, pero aunque se había prometido a sí mismo estar poco, y volver temprano, encontró una acogida tan calurosa y tantos motivos para dilatar su partida, que ya había pasado media noche cuando pronunciaba su ¡Adiós! desde el umbral de la puerta. El viento había calmado mientrastanto y la noche estaba oscura como boca de lobo; ni una estrella ni un rayo de luna traspasaba la espesa capa de nubes. Denís desconocía el entramado de las calles de Chateau-London; hasta de día claro había encontrado alguna dificultad para hallar su camino, y en esta absoluta oscuridad pronto lo perdió por completo. Sólo estaba seguro de que debía subir cuestas, puesto que la casa de su amigo sehallaba en la parte más baja de la ciudad, y su posada en la más alta, casi debajo de la torre de la iglesia. Con este solo indicio para dirigirse anduvo por sitios desconocidos ya respirando con desahogo cuando llegaba a plazas anchas y en las que veía un trozo de cielo sobre su cabeza, ya guiándose a lo largo de las paredes en las estrechas callejuelas. ¡Situación angustiosa y deprimente elencontrarse perdido por completo en la oscuridad y en un sitio casi por completo desconocido! El silencio es doblemente aterrador, el tacto de las rejas que caen bajo la mano exploradora causa una sensación de frío como si se tropezara con un cadáver; las desigualdades del terreno amenazan hacerle caer y desequilibran la marcha; y una sombra más densa que las demás hace pensar en ambas cosas. ParaDenís que debía regresar a su posada sin llamar la atención, había tanto peligro real, como molestias en la marcha; y por eso andaba con cautela parándose a cada esquina a fin de hacer sus observaciones.

Andaba ya hacía algunos minutos por una callejuela tan estrecha que con sólo abrir los brazos hubiera tocado los dos muros, cuando ésta después de un torcer bruscamente tomaba otra dirección.Bien comprendió nuestro joven que aquel camino no le conduciría a su posada, pero con la esperanza de encontrar algo que le orientara, continuó por ella. La calleja terminaba en una terraza con balaustrada de piedra que daba sobre el valle situado a algunos cientos de pies más abajo. Denís se inclinó y sólo alcanzó a ver algunas copas de árboles movidas por el viento y un solo punto brillante, el...
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