La señal

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La señal

RAYMOND KHOURY

Traducción de Cristina Martín

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Título original: The sign

Traducción: Cristina Martín

1.a edición: septiembre 2009

© 2009 by Raymond Khoury
© Ediciones B, S. A., 2009
Bailen, 84 - 08009 Barcelona (España)www.edicionesb.com

Printed in Spain
ISBN: 978-84-666-3975-0
Depósito legal: B. 24.351-2009

Impreso por LIBERDÚPLEX, S.L.U.
Ctra. BV 2249 Km 7,4 Polígono Torrentfondo
08791 - Sant Llorenç d’Hortons (Barcelona)

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Esta novela es para Suellen

La idea de que la religión y la política son incompatibles fue inventada por el Diablo para impedir que los cristianosdirigieran ellos mismos sus naciones.

Jerry Falwell

Mi reino no es de este mundo.

Jesucristo (Juan 18,36)

Prólogo

1. Costa de los Esqueletos, Namibia. Dos años antes

A medida que el fondo del barranco se le iba acercando a toda velocidad, el paisaje seco y rocoso que pasaba raudo por su lado se fue ralentizando de formamilagrosa hasta transformarse en una acción a cámara lenta. Sin embargo, aquel tiempo adicional no le dio a Danny Sherwood ninguna alegría. Para lo único que servía era para alargar infinitamente la constatación de que, sin la menor sombra de duda, en cuestión de segundos iba a morir.
En cambio, el inicio de aquella jornada había sido de lo más prometedor.
Al cabo de casi tres años, sutrabajo (el suyo y el del resto del equipo) por fin estaba terminado. Y además, pensó para sus adentros sonriendo, pronto iba a poder disfrutar de los resultados.
Había sido una tarea muy dura. El proyecto en sí ya había sido lo bastante abrumador, desde el punto de vista científico. Las condiciones de trabajo (los apretados plazos de entrega, las aún más apretadas medidas de seguridad, aquello detrabajar prácticamente en el exilio, sin ver a familiares ni amigos a lo largo de cada uno de aquellos intensos meses de soledad) habían dado forma a un reto todavía mayor. Pero hoy, cuando levantó la vista hacia el azul puro del cielo y aspiró el aire seco y polvoriento de aquel olvidado rincón del planeta, tuvo la impresión de que todo había merecido la pena.
No iba a haber ninguna oferta,aquello había quedado claro desde el principio. Ni Microsoft ni Google estaban dispuestos a pagar un dineral para adquirir aquella tecnología. El proyecto, según le dijeron, estaba destinado a uso militar. Aun así, a todos los miembros del equipo se les había prometido una bonificación significativa ligada al éxito del proyecto. En su caso, iba a ser suficiente para proporcionarle una estabilidadeconómica, para que sus padres pudieran volver a casa y para mantener a una esposa que no fuera excesivamente despilfarradora y a todos los hijos que, calculaba, sería capaz de engendrar, si es que conseguía tener algo de aquello. Era de esperar que lo tendría, pasados unos años, después de haberse divertido un poco y disfrutado del botín del trabajo realizado. Pero por el momento aquello nofiguraba en su radar: sólo tenía veintinueve años.
Sí, el cómodo futuro que se materializaba ante él distaba mucho de la austeridad que experimentó en su infancia, transcurrida en Worcester, Massachusetts. Mientras caminaba por el suelo reseco de aquel desierto, pasando por delante de la tienda de campaña militar y de la plataforma de aterrizaje en la que estaban cargando el helicóptero para...
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