La tienda de muñecos

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JULIO GARMENDIA
LA TIENDA DE MUÑECOS

Al Dr. ANTONIO ALAMO
En testimonio de reconocimiento
dedico estas páginas.
JULIO GARMENDIA
Paris, 1927.

CARTA PRELIMINAR

Querido Garmendia:
Refiere usted las aventuras de alguien que por socorrer una enaguas que se iban a los aires, se fue naturalmente a las nubes, en donde, acurrucado en el vientre de una de ellas, se le disiparon lapersona y los años vividos basta que la brisa lo devolvió, recién nacido, a la tierra. Luego presenta usted al personaje del "Cuento inverosímil" que reivindica su indiscutible preeminencia respecto de los héroes de historias verosímiles y ordinarias. Emplea usted una noche entre nuestros amigos los duendes y, a poco, tienta usted al Diablo y logra hacer, a costa de él, un viaje de ida y vuelta hastalas puertas del cielo. En seguida tiene el espíritu suyo que mudarse de su propio cuerpo, porque lo desaloja su doble, su "otro yo", y de toda esta gente ficticia pasa usted, sin duda reencarnado, a la gente ficticia agolpada en una "Tienda de Muñecos".
Al volver la última página se pregunta uno si no es usted, mi querido Garmendia, el personaje del más inverosímil de los cuentos. Sucedeque entre lo que tenemos de distintivo los venezolanos está el hábito de ahogar en zumba lo serio o lo tedioso. Si en París todo concluye o concluía en canción, allá todo remata en chiste o epigrama. Cultivamos sin descanso el arte sutil de embromarnos; pero, a no ser en prosa o verso festivos y fáciles, o entre dardos y aguijones nada áticos de polémica, historia y crítica "rotativas" ¿quién oyónunca revolar la abeja en nuestras letras? Y ahora la sonrisa de usted viene a romper aquella flagrante y pertinaz contradicción entre lo que se escribe y lo que se habla en Venezuela, entre lo campanudo de aquello y lo chispeante y retozón de esto.
No cabe en esta carta la averiguación del origen de tanta solemnidad y compostura, real o convencional, en lo escrito. Sobran motivos, sin duda,y no es ocioso buscarlos, para que la sonrisa se haya mantenido inédita entre nosotros, hasta cuando fue caso de reír el de que adaptáramos al modo clásico el tono romántico y otros más recientes tonos literarios. No es difícil explicar por qué la risa y familiaridad que han llegado al teatro, a la novela y al periódico, han sido, aparte las obligadas confirmaciones de la regla, callejeras,desaforadas o desapacibles.
El diputado que al grito de "muramos como romanos" del 24 de enero, contestó: "Yo soy del Guárico", fijó en nuestros anales parlamentarios el hondo sentido de aquel hábito zumbón y jaranero que, lejos de denotar superficialidad, o de ser siempre trivial o maligno, expresa aquel sano desenfado optimista que le deja al Tiempo el cuidado de remediar lo remediable, y lepide al segundo que pasa una canción de salud y de esperanza. Esta disposición crítica que, sin excluir el acto necesario, mide serenamente el esfuerzo requerido, y ni teme que toda ráfaga de tormenta hunda el barco, ni cree que todo indicio de costa en lontananza es puerto de gracia, viene a ser una valiosa reserva de buen sentido y aun de conciencia colectiva.
Con esta sensibilísima flematropical nos lleva usted en amable viaje por el tan olvidado, viejo y siempre nuevo país de lo Azul, donde todo nos comprueba la engañosa fantasmagoría de lo real y la generosa realidad de lo ilusorio y fantástico. Es al doblar la última página cuando vuelve uno a sentirse en el cautiverio de Realilandia, en la perpetua Tienda de Muñecos, o de títeres, que es la Vida desde antes de que el primerAdán tuviera andanzas con la primera Eva; tienda en la cual cada ser animado goza precisamente del mismo ilimitado albedrío de la buena dama que, al acabar de escribirle al primo Basilio regañándolo por haber osado darle cita galante, sale derechamente a acudir a la cita pecaminosa, llevada por la misma fuerza "que mueve al sol y las demás estrellas".
Y burla burlando recuerda usted que no...
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