Lacan- la dirección de la cura

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J. Lacan / Los Escritos de Jacques Lacan / Escritos 2 / Cinco / La dirección de la cura y los principios de su poder

l. ¿Quién analiza hoy?

1. Bajo el nombre de psicoanálisis muchos se dedican a una "reeducación emocional del paciente". Situar en este nivel la acción del analista acarrea una posición de principio, con respecto a la cual todo lo que puede decirse de la contratransferencia,incluso si no es vano, tendrá una función de diversión. Pretendemos mostrar en qué la impotencia para sostener auténticamente una praxis, se reduce al ejercicio de un poder.

2. El psicoanalista sin duda dirige la cura, no debe dirigir al paciente; la dirección de conciencia queda aquí radicalmente excluida. Si el psicoanálisis plantea problemas a la teología moral, no son los de la dirección.La dirección de la cura es otra cosa. Consiste en primer lugar en hacer aplicar por el sujeto la regla analítica o sea las directivas (en el principio de lo que se llama "la situación analítica”); planteadas en una comunicación inicial bajo forma de consignas; ya sólo esto basta para mostrarnos que el problema de la dirección se muestra, desde las directivas del punto de partida, como no pudiendoformularse sobre una línea de comunicación unívoca. Ese tiempo consiste en hacer olvidar al paciente que se trata únicamente de palabras, pero que esto no justifica que el analista lo olvide a su vez.

3. El paciente no es el único con sus dificultades que pone toda la cuota. El analista también debe pagar: -pagar con palabras sin duda, si la transmutación que sufren por la operación analíticalas eleva a su efecto de interpretación; -pero también pagar con su persona, en cuanto que, diga lo que diga, la presta como soporte a los fenómenos singulares que el análisis ha descubierto en la transferencia.

4. El analista está tanto menos seguro de su acción cuanto que en ella está más interesado en su ser. Intérprete de lo que me es presentado en afirmaciones o en actos, yo decido sobremi oráculo, lejos de poder medir todo el efecto de mis palabras, libre siempre del momento y del número, tanto como de la elección de mis intervenciones.

5. En cuanto al manejo de la transferencia, mi libertad en ella se encuentra por el contrario enajenada por el desdoblamiento que sufre allí mi persona, es, allí donde hay que buscar el secreto del análisis. De hecho todo analista (aunquefuese de los que así se extravían) experimenta siempre la transferencia en el asombro del efecto menos esperado de una relación entre dos que fuese como las otras. No se podría razonar a partir de lo que el analizado hace soportar de sus fantasías a la persona del analista. Sin duda hay también estrategia, pero que nadie se engañe con la metáfora del espejo en virtud de que conviene a la superficielisa que presenta al paciente el analista. Rostro cerrado y labios cosidos, con esto el analista se adjudica la ayuda de lo que en ese juego se llama el muerto, pero es para hacer surgir al cuarto que va a ser aquí la pareja del analizado, y cuyo juego el analista va a esforzarse, por medio de sus bazas, en hacerle adivinar la mano: tal es el vínculo, digamos de abnegación, que impone al analistala prenda de la partida en el análisis. Los sentimientos del analista sólo tienen un lugar posible en este juego, el del muerto; y que si se le reanima, el juego se prosigue sin que se sepa quién lo conduce. Por eso el analista es menos libre en su estrategia que en su táctica.

6. El analista es aún menos libre en aquello que domina estrategia y táctica: a saber, su política, en la cual haríamejor en ubicarse por su carencia de ser que por su ser. Su acción sobre el paciente se le escapa junto con la idea que se hace de ella, si no vuelve a tomar su punto de partida para revisar en el principio la estructura por donde toda acción interviene en la realidad. Para los psicoanalistas de hoy, esta relación con la realidad cae por su propio peso, miden sus defecciones en el paciente sobre...
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