Las amazonas

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  • Publicado : 7 de diciembre de 2010
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Un viejo bagre, de barbas muy largas, decía con su voz ronca en el penumbroso remanso del riachuelito: «Yo conozco el mar. Cuando joven he viajado a él, y he vuelto».

Y en el fondo de las aguas se movía de un lado a otro contoneándose orgullosamente. Los peces niños y jóvenes le miraban y escuchaban con admiración. «¡Ese viejo conoce el mar!».

Tanto oírlo, un bagrecito se le acercó unanoche de luna y le dijo: «Abuelo, yo también quiero conocer el mar».

- Si, abuelo.

- Bien, muchacho. Yo tenía tu edad cuando realicé la gran proeza.

Vivían en ese remanso de un riachuelito de la Selva Alta del Perú, un riíto con lecho de piedras menudas y delgado rumor. Palmeras y otros árboles, desde las márgenes del remanso, oscurecía las aguas. Esa noche, en unrincón de la pozuelailuminada tenuemente por la luna, el viejo bagre enseñó al bagrecito cómo debía llevar a cabo su viaje al lejano mar.

Y cuando el riachuelito se estremecía con el amanecer, el bagrecito partió aguas abajo. «Tienes que volver», le dijo, despidiéndolo, el viejo bagre,quien era el único que sabía de aquella aventura.

El bagrecito sentía pena por su madre. Ella, preocupada porque no lo había visto todoel día, anduvo buscándolo. «¿Qué te sucede?», le preguntó el anciano bagre con la cabeza afuera de un hueco de la orilla, una de sus tantas casas.

- ¿Usted sabe dónde está mi hijo?

- No. Pero lo que te puedo decir es que no te aflijas. El muchacho ha de volver. Seguramente ha salido a conocer mundo.

- ¿Y si alguien lo pesca?
- No creo. Es muy sagaz. Y tú comprendes que los hijos no debenvivir todo
el tiempo en la falda de la madre. retorna a tu casa. El muchacho ha de volver.

La madre del bagrecito, más o menos tranquilizada con las palabras del viejo filósofo, regresó a su casa.

El bagrecito, mientras tanto, continuaba su viaje. Después de dos días y medio entró por la desembocadura del riachuelo en un riachuelo más grande.

El nuevo riachuelo corría por entre elbosque haciendo tantos zigzags, que el bagrecito se desconcertó. «Este es el río de las mil vueltas que me indicó el abuelo», recordó. Su cauce era de piedras y, partes, de arena, salpicado de pedrones, sobresaliendo de las aguas con plantas florecidas en el légamo de sus superficies; hondas pozas se abrían en los codos con multitud de peces de toda clase y tamaño; sonoras corrientes, el bagrecitoseguía, seguía ora nadando con vigor, ora dejándose llevar por las corrientes, con las aletas y barbitas extendidas, ora descansando o durmiendo bajo el amparo de las verdes cortinas de limo.

Se alimentaba lamiendo las piedras, con los gusanillos que había debajo de ellas o embocando los que flotaban en los remansos.

- ¡De lo que me escapé' -- se dijo, temblando. En tina poza casi muerde unanzuelo con carnada de lombriz... iba a engullirlo, pero se acordó del consejo del abuelo: «antes de comer, fíjate bien en lo que vas á comer» así, descubrió el sedal que atravesando las aguas terminaba en la orilla, en las manos del pescador, un hombre con aludo sombrero de paja.
Los riachuelos de la Selva Alta del Perú son transparentes; de ahí que los peces pueden ver el exterior.

El incidenteque acababa de sucederle, hizo reflexionar al viajero con mayor seriedad sobre los peligros que amenazaban en su larga ruta; además de los pescadores con anzuelo, las pescas con el barbasco venenoso, con dinamita y con red; la voracidad de los martín pescadores y de las garzas, también de los peces grandes, aunque él sabía que los bagres no eran presas apetecibles para dichas aves, por su aletasenconosas; ellas prefieren los peces blancos, con escamas.

Con más cautela y los ojos más abiertos, prosiguió el bagrecito su viaje al mar. En una corriente colmada de luz de la mañana límpida, una vieja magra, todas arrugas, metida en las aguas hasta las rodillas, pescaba con las manos, volteando las piedras. El bagrecito se libró de las garras de la
pescadora, pasando a toda velocidad. –¡la...
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