Leyenda de la condesa acambaro

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Leyenda de la Condesa del Pedreguero de Acámbaro

La tarde agonizaba, Acámbaro con profundo fervor religioso y con ejemplar veneración recordaba en aquellas últimas horas del Viernes Santo la muerte del Redentor.
Un verdadero río humano entraba y salía de los templos y con la plegaria en los labios y el luto en el corazón; los piadosos Acámbarenses santificaban en la mejor forma el día mássacrosanto del año.
Un hombre ingenuo y sencillo llamado Pantaleón volvía con el alma contraída hacia su casa. Dejando la ciudad a sus espaldas había cruzado el Río Lerma y estaba ya a las puertas de una vetusta mansión en donde lo ocupaban durante el día en el cultivo de los inmensos campos labrantíos, y donde prestaba servicio por las noches de mozo y velador. Pero antes de penetrar en tanruinoso caserón conocido con ese nombre de " San Cristóbal ", sentándose a descansar en un pollito de piedra que a la entrada había.
Una bruma gris entoldaba el cielo y un calor sofocante asfixiaba la tierra.
Agobiado por el bochorno y la fatiga Pantaleón empezaba a quedarse dormido cuando presentándose ante el intempestivamente una distinguidísima dama cuya sola presencia fue bastante para quenuestro buen hombre saliera de su sopón. De pie, con el asombro en los ojos y la emoción en el corazón iba desabrochando el borboqueo mientras tartamudeaba algunas palabras en contestación a los escasos monosílabos que la linajuda señora le dirigía.
A juzgar por su exterioridades, de alta alcurnia era aquella mujer; todo en ella era de gran primor, de gran gala, de refinado gusto y de sumaexquisitez.
Vestía dorada falda de tafetán de China. La blusa era negro terciopelo adornado sobriamente con tela de plata y de sus hombros caí un amplísimo mantón de Manila, negro también, con lentejuela de oro; difícilmente podría definirse toda su presencia y toda su finura.
Pero quién podría ser aquella dama tan bella, tan rica y tan gentilmente ataviada que misteriosamente aparecía en aquellahora y en aquel lugar?
Esta pregunta se hacía Pantaleón mientras la dama atravesaba con presura el pasillo del destartalado edificio y se internaba por los corredores y demás vericuetos.
Y Pantaleón nunca tuvo respuesta a su pregunta; pero un desocupado curioso molestando amigos, consultando peritos, descifrando empolvados pergaminos e imaginando gran parte de lo no visto no contado, refiere asíla historia de aquella peregrina y celebradísima mujer, historia que por haber sido olvidada tendría hoy el hechizo de la novedad.
Era la Condesa del Pedreguero una de esas excepcionales figuras que llamaban la atención de todo un pueblo, primero por su deslumbrante belleza, después por su vida silenciosa, sus desmanes y sus crímenes, y más tarde por su inmenso afán de exhibición y por suincalificable megalomanía así sea fincada en las más nefastas y abominables acciones.
Parece que la condesa fue hija bastarda de un muy noble francés de los brillantes tiempos de Luís XIV de Francia.
Cuando la rancia nobleza castellana depositada en el Escorial el cadáver del último rey absburgo, Carlos II, atravesaba la frontera rumbo a Madrid para sentarse en el trono de Carlos V, un nieto del yamencionado Luís XIV conocido en la historia con el nombre de Felipe V, llevaba consigo muchas personas distinguidas que instaló en su gabinete, tales como el Conde D`Harcourt, el Marqués de Louville, el economista Juan Orry, y otros mucho personajes a quienes los españoles tildaban de intrusos y perniciosos. Entre todos llevaban la voz cantante la famosísima e intrigante Princesa de los Ursinos.Con este grupo de nobles franceses, muy jovencita, y sin título todavía, pasó de Francia y España la Condesa del Pedreguero y en la corte de Madrid, de maestros franceses y españoles aprendió muchas muchachas y muy malas cosas que practicó luego en su azarosa existencia y las implantó en la Nueva España.
A estas sierras vino posiblemente con el séquito del Duque de Alburquerque, uno de los...
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