Ligeramente perverso mary balogh

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  • Publicado : 9 de noviembre de 2011
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LIGERAMENTE PERVERSO
Balogh, Mary

Argumento:

La soñadora Judith ansia una vida aventurera y apasionada, pero la triste realidad es que va de camino a convertirse en una solterona dama de compañía de su anciana tía. El destino querrá que Judith se tope con un misterioso jinete que dice llamarse Raif Bedard, de quien se enamora al instante y ante quien se presenta como Clair Campbell, actrizde teatro. Sin embargo el joven desconocido no es otro que Lord Ranulf, el apuesto tercer hijo de los Bedwyn.

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Momentos antes al vuelco del coche de postas, Judith Law estaba inmersa en una fantasía que había hecho desaparecer de un modo muy eficaz la desagradable naturaleza de la realidad que la rodeaba.

Viajaba en un coche de postas por primera vez en sus veintidós años de vida. Traslos primeros dos o tres kilómetros ya se había desvanecido cualquier ilusión que jamás hubiera albergado acerca de lo romántico y aventurero que podía llegar a ser ese medio de transporte. Estaba apretujada entre una mujer tan voluminosa que necesitaba al menos un asiento y medio y un hombre delgado e inquieto, todo huesos y codos, que no paraba de removerse para encontrar una postura más cómodani de golpearla en el proceso, en ocasiones en los lugares más embarazosos. Enfrente tenía a un hombre corpulento que roncaba sin cesar, lo que suponía un añadido considerable al ya de por sí ruidoso viaje. La mujer que se sentaba a su lado no dejaba de contarle la triste historia de su vida con voz quejicosa a cualquiera que fuera lo bastante estúpido o tuviese la desgracia de cruzar la mirada conella. Del silencioso hombre que se sentaba al otro lado de la mujer llegaban los efluvios de la falta de aseo mezclados con el olor ajo y cebolla. El carruaje traqueteaba, oscilaba y se sacudía en cada piedra y cada bache que encontraba en el camino, o eso le parecía a Judith.

No obstante, pese a todas las incomodidades del viaje, no estaba impaciente por llegar a su destino. Acababa de dejaratrás toda una vida en Beaconsfield, por no mencionar a su familia, y no esperaba regresar en mucho tiempo... si es que regresaba. Se dirigía a casa de su tía Effingham. La vida que siempre había conocido había llegado a su fin. Aunque no quedaba explícito en la carta que su tía le había escrito a su padre, Judith era perfectamente consciente de que no iba a ser una huésped distinguida yconsentida en Harewood Grange, sino una pariente pobre de la que se esperaba que se ganara su manutención de la forma en que sus tíos, sus primos y su abuela considerasen apropiada. En pocas palabras: solo esperaba monotonía y arduo trabajo... Nada de pretendientes, matrimonio, casa o familia propias. Estaba a punto de convertirse en una de esas mujeres retraídas y apocadas tan abundantes en lasociedad, que dependían de sus parientes a modo de sirvientes sin sueldo.

La invitación de la tía Effingham había sido extraordinariamente amable, según palabras de su padre... aunque su tía, hermana de su padre, que había hecho un matrimonio en extremo ventajoso con el adinerado y viudo sir George Effinghac cuando ya había dejado bien lejos la flor de su juventud, nunca había destacado por suamabilidad.

Y todo por culpa de Branwell, ese despilfarrador que se merecía que lo fusilaran y después lo ahorcaran, lo ahogaran y le descuartizaran por sus desconsideradas extravagancias. Judith no había albergado un solo pensamiento amable hacia su hermano desde hacía semanas. Todo aquello había sucedido porque era la segunda hija, la que no tenía ningún cometido que hiciera indispensable supresencia en casa. No era la mayor; Cassandra era un año mayor que ella. Ni mucho menos era la belleza de la familia; su hermana Pamela ocupaba ese lugar. Y no era la pequeña; Hilary, de diecisiete años, tenía ese dudoso honor. Judith era la que avergonzaba a la familia por su falta de delicadeza, la fea, la alegre y la soñadora.

Fue a Judith a quien todos habían mirado después de que su padre se...
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