Literatura actual en huancayo

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  • Publicado : 22 de septiembre de 2010
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Generalmente se señala al joven como al ser que se halla, en nuestro caso jurídico, entre los 18 años y los 30 años. Si sólo se tomara ese rango se tendría que hablar de los escritores del siglo XXI solamente. Es decir, del Movimiento Literario “Dosamarus” que tiene poetas y narradores jóvenes, del grupo “Eclosión”, del grupo “Palestra Andina”, del Grupo “Primero de mayo”, de la Logia Literaria“Amarilis”, de “Eyacúlame”, los de “Mayucha”, de los nuevos grupos asentados en Huancayo “Fuego Fatuo” y “Fiat Lux”, y seguramente, de otros que se agrupan en bares o centros culturales.Los muchachos de los 70 como César Gamarra, Sergio Castillo, Nicolás Matayoshi y Carolina Ocampo, siguiendo la senda inaugurada por Hinostroza y Cisneros fueron poetas que involucraban lo social con lo estrictamentepoético. Un cuidadoso andar sobre el filo de la navaja para no dar mucho qué hablar a sus opositores. Por esos años un ya no tan joven narrador se perfilaba como el iniciador de la literatura urbana: Julio César Alfaro Gilvonio, con la publicación de su cuento “El regreso”, ganador de los Juegos Florales en homenaje al IV centenario de la fundación de Huancayo. Junto a él otro tampoco ya joven sesumaba al quehacer literario: Carlos Villanes Cairo. En tanto que Alfaro mostraba la ciudad, su gente, la juventud y los problemas urbanos, Villanes nos mostraba al mestizo, al nuevo huanca, en su devenir, en su problemática y en su pasado, como lo hace con su “Flagelación de Toribio Cangalaya”. Al mismo tiempo un joven estudiante de literatura empieza como nuevo ensayista, especialmente en eldiario “La voz de Huancayo”, su nombre: Alejandro Espejo Camayo. Su prosa está alineada a su compromiso socialista militante y a una estricta visión histórico literaria, al estilo de Georgy Luckacs, de la literatura. Eran notorios su rigor y amplitud cultural frente a, por ejemplo, “el intelectual aprista”: Apolinario Mayta Inga o el aún sobreviviente César Chico Véliz.En los 80, se fundó el grupoliterario “Para cantar o morir”, a mi juicio el grupo poético más estructurado tanto en su estética como en su compromiso y visión política. Su poesía, que resultaba, en principio, epigonal del “Movimiento Hora zero”, fue trastocándose en un firme cuestionador del estado de cosas, de las relaciones de género, por ejemplo con Flor de María Ayala y su “Mujer de Subamérica”, de la reivindicación delmundo paisajístico del Valle como en “Manzanares: vida y canto” de Arturo Concepción, del compromiso político definido de José Gamarra Ramos en su “Lagarto de Humo”, de la vida, el amor y el rol de la mujer con Rosa Iñigo en su “Tiempo de partida”. En esta década, en la narrativa, Carlos Villanes va abandonando su temática mestiza y va acogiendo la senda trazada por Alfaro Gilvonio: lo urbano comoperspectiva literaria. Alguien que da un paso mayor, en el sentido ideológico, fue, también en estos años, Pedro Rezza Claros con “La Máscara” y “Kananmantapacha” de claro sentido movilizador político.Lo que ya parecía una tendencia literaria: lo urbano, y la formación de una tradición literaria, un corpus estético y creadores propios, se vio truncada por el proceso de violencia política que vivióesta zona del país junto al resto de nuestra geografía patria. Ya la CVR ha señalado el vía crucis que ha significado para todos, incluidos los más jóvenes que no vivieron directamente esos años aciagos. Con la violencia instalada, con el miedo como vida cotidiana, la literatura, al parecer, se hizo recuerdo. Todos callaron, unos emigraron, otros asumieron su compromiso político y se fueron como lohizo Javier Heraud, y algunos murieron en el alma.Los más jóvenes, los que debían de seguir la senda, se perdieron en la noche oscura de la guerra. La universidad, los institutos, las escuelas se convirtieron en campos de batalla y la belleza tuvo que arriar sus banderas. No había tiempo para la creación, sólo la desolación.Tal vez por ello los jóvenes de los 90 se volvieron intimistas,...
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