Lo perros de tíndalos

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Los Perros de Tindalos (The Hounds of Tindalos-1929)
Frank Belknap Long
1
-Me alegro de que haya venido -dijo Chalmers.
Estaba sentado junto a la ventana y tenía el semblante muy pálido. Dos altas velas que goteaban cerca de su codo arrojaban una luz enfermiza y ambarina sobre su larga nariz y su barbilla ligeramente deprimida. No había nada moderno en el apartamento de Chalmers. Tenía almade asceta medieval, y prefería los manuscritos ilustrados a los automóviles, y las gárgolas de piedra de torva mirada a los aparatos de radio y las máquinas de calcular.
Al cruzar la habitación hasta el sofá, que había despejado para mí, miré hacia su mesa y me sorprendió descubrir que había estado estudiando las fórmulas matemáticas de un célebre físico contemporáneo, y que había llenadocantidades de hojas de delgado y amarillento papel con curiosos dibujos geométricos.
-Extraña vecindad la de Einstein y John Dee -dije, al tiempo que mis ojos iban de los diagramas matemáticos a los sesenta o setenta libros raros que componían su curiosa y pequeña biblioteca. Plotino y Emmanuel Moscopulus, santo Tomás de Aquino y Frenicle de Bessy se codeaban en la oscura estantería de ébano, y lassillas, la mesa y el escritorio estaban repletos de folletos sobre hechicería y brujería medievales y magia negra, así como sobre todas las cosas fascinantes y audaces que el mundo moderno ha arrumbado.
Chalmers sonrió con simpatía, y me tendió un cigarrillo ruso en una bandeja curiosamente tallada.
-Estamos descubriendo ahora precisamente -dijo- que los viejos alquimistas y hechiceros tenían razónen unas dos terceras partes, y que su moderno biólogo materialista está equivocado en nueve décimas.
-Usted siempre se ha burlado de la ciencia moderna -dije con cierta impaciencia.
-Sólo del dogmatismo científico -replicó-. Siempre he sido un rebelde, un defensor de las causas perdidas; por eso he decidido rechazar las conclusiones de los biólogos contemporáneos.
-¿Y Einstein? -pregunté.-¡Es un sacerdote de las matemáticas trascendentales! -murmuró reverentemente-. Es un místico profundo, un explorador de la gran sospecha.
-Entonces no menosprecia enteramente la ciencia.
-Por supuesto que no -afirmó-. Simplemente desconfío del positivismo científico de estos últimos cincuenta años, del positivismo de Haeckel y de Darwin y de Bertrand Russell. Creo que la biología ha fracasadolamentablemente al intentar explicar el misterio del origen y destino del hombre.
-Deles tiempo -repliqué.
Los ojos de Chalmers relampaguearon.
-Amigo mío -murmuró-, su juego de palabras es sublime. Darles tiempo. Eso es precisamente lo que haría. Pero su moderno biólogo se ríe del tiempo. Tiene la clave, pero se niega a utilizarla. ¿Qué sabemos del tiempo, en realidad? Einstein cree que esrelativo, que puede interpretarse en términos de espacio, de un espacio curvo. Pero ¿debemos detenernos aquí? Cuando las matemáticas nos abandonan, ¿no podemos seguir con... la intuición?
-Está usted pisando un terreno peligroso -observé-. Esa es una trampa que el verdadero investigador evita. Por eso ha avanzado tan despacio la ciencia moderna. No acepta nada que no pueda demostrarse. Pero usted...
-Yotomaría hashish, opio, toda clase de drogas. Yo quisiera emular a los sabios orientales. Y entonces, quizá, captaría...
-¿El qué?
-La cuarta dimensión.
-Eso es un disparate teosófico.
-Quizá. Pero creo que las drogas dilatan la conciencia humana. William James coincide conmigo. Y he descubierto una nueva.
-¿Una nueva droga?
-La utilizaban hace siglos los alquimistas chinos; pero esprácticamente desconocida en Occidente. Sus propiedades ocultas son asombrosas. Con ayuda de mis conocimientos matemáticos, creo que puedo retroceder en el tiempo.
-No comprendo.
-El tiempo es meramente nuestra percepción imperfecta de una nueva dimensión del espacio. Tiempo y movimiento son dos ilusiones. Todo lo que ha existido desde el principio del mundo existe todavía. Los acontecimientos que...
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