Los novios

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  • Publicado : 30 de enero de 2012
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LOS NOVIOS
El era de Bachajón, venía de una familia de alfareros; sus manos desde niñas habían aprendido a redondear la forma, a manejar el barro con tal delicadeza, que cuando moldeaba, más parecía que hiciera caricias. Era hijo único, mas cierta inquietud nacida del alma lo iba separando día a día de sus padres, llevado por un dulce vértigo. . . Hacía tiempo que el murmullo del riachuelo loextasiaba y su corazón tenía palpitaciones desusadas; también el aroma a miel de abejas de la flor de pascua había dado por embelesarlo y los suspiros acurrucados en su pecho brotaban en silencio, a ocultas, como aflora el desasosiego cuando se ha cometido una falta grave. . . A veces se posaba en sus labios una tonadita tristona, que él tarareaba quedo, tal si saboreara egoístamente un manjaracre, pero gratísimo. “Ese pájaro quiere tuna” – comento su padre cierto día, cuando sorprendió el canturreo.
El muchacho lleno de vergüenza no volvió a cantar; pero el padre – Juan Lucas, indio tzeltal de Bachajón- se había adueñado del secreto de su hijo.
Ella también era de Bachajón; pequeña, redondita y suave. Día con día, cuando iba por el agua al riachuleo, pasaba frente al portalillo de JuanLucas. . . Ahí un joven sentado ante una vasija de barro crudo, un cántaro redondo y botijón, al que nunca daban fin aquellas manos diestras e incansables. . . Sabe Dios cómo, una mañanita chocaron dos miradas. No hubo ni chispa, ni llama, ni incendio después de aquel tope, que apenas si pudo hacer palpitar las alas del petirrojo anidado entre las ramas del granjeno que crecía en el solar.
Sinembargo, desde entonces, ella acortaba sus pasos frente a la casa del alfarero y de ganchete arriesgaba una mirada de urgidas timideces.
El, por su parte, suspendía un momento su labor, alzaba los ojos y abrazaba con ellos la silueta que se iba en pos del sendero, hasta perderse en el follaje que bordea el río.
Fue una tarde refulgente, cuando el padre –Juan Lucas, indio tzaltal de Bachajón-hizo a un lado el torno en que moldeaba una pieza. . . Siguió con la suya la mirada de su muchacho, hasta llegar al sitio en que éste la había clavado. . . Ella, el fin, el designio, al sentir sobre sí los ojos penetrantes del viejo, quedó petrificada en medio de la vereda. La cabeza cayó sobre el pecho, ocultando el rubor que ardía en sus mejillas.
-¿Esa es? – preguntó en seco el anciano a suhijo.
-Sí –respondió el muchacho, y escondió su desconcierto en la reanudación de la tarea.
El “Prencipal”, un indio viejo, venerable de años e imponente de prestigios, escuchó solícito la demanda de Juan Lucas:
-El hombre joven, como el viejo, necesitan la compañera, que para el uno es la flor perfumada y para el otro, bordón. . . Mi hijo ya ha puesto sus ojos en una.
-Cumplamos la ley deDios y démosle goce al muchacho como tú y yo, Juan Lucas, lo tuvimos un día. . . ¡Tú dirás lo que se hace!
-Quiero que pidas a la niña para mi hijo.
-Ese es mi deber como “Prencipal”. . . Vamos, ya te sigo, Juan Lucas.
Frente a la casa de la elegida, Juan Lucas, cargado con una fibra de chocolate, varios manojos de cigarrillos de hoja, un tercio de leña y otro de “ocote”, aguarda, encompañía del “Prencipal” de Bachajón que los moradores del jacal ocurran a la llamada que han hecho sobre la puerta.
A poco, la etiqueta indígena todo lo satura:
-Ave María Purísima del Refugio –dice una voz que sale por entre las rendijas del jacal.
-Sin pecado original concebida –responde el “Prencipal”.
La puertecilla se abre. Gruñe un perro. Una nube de humo atosigante recibe a los reciénllegados que pasan al interior; llevan sus sombreros en la mano y caravanean a diestro y siniestro.
Al fondo de la choza, la niña motivo del ceremonial acontecimiento echa tortillas. Su cara, enrojecida por el calor del fuego, disimula su turbación a medias, porque está inquieta como tórtola recién enjaulada; pero acaba por tranquilizarse frente al destino que de tan buena voluntad le están...
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