Malestar de la globalizacion

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Como tal rojo, Stiglitz fue durante varios años asesor en asuntos económicos del presidente Bill Clinton, que como todos Ustedes saben fue precursor de la mejor idea de la izquierda en los últimos años, las coaliciones rojiverdes, aunando en este caso las dos características, rojo y verde, en una sola persona.
Con estas credenciales, Stiglitz acabó siendo vicepresidente del Banco Mundial,institución que se dedica a desarrollar proyectos de ayuda al Tercer Mundo mediante créditos asequibles y que, por estos misterios que tiene el complejo mundo de hoy en día, es uno de los principales enemigos del Movimiento Antiglobalización (claro que en su nombre reza la palabra “Banco”, y eso no deja de ser una provocación para según qué ideólogos de baja estofa). Tras su experiencia, y una vezconseguido el Nobel, Stiglitz se dedica a lo que todos los sabios que han sido galardonados con tal honor: dar conferencias y publicar ensayos superventas.
El bestseller de Stiglitz se comporta como tal desde el mismo título, pues si “El malestar en la globalización” podría sugerir que el autor se parará a explicarnos los principales problemas de corte económico que aquejan a la globalización taly como está planteada para que pueda ser aceptada como beneficiosa por los desposeídos, en realidad todo el libro se trata de una suerte de vendetta de Stiglitz contra su enemigo público número uno durante los años en que desempeñó los citados cargos públicos: el Fondo Monetario Internacional.
Así, la idea central del libro es que “la culpa de todo la tiene el FMI”. Como si esta institucióncumpliese el papel del PNV en la política española y fuera capaz de enviar toneladas de chapapote a nuestras costas, ser amiguitos de los violentos y gastar sin freno para evitar que el Gobierno pueda contener la inflación, todo al mismo tiempo, Stiglitz desarrolla a lo largo de todo el libro una crítica implacable de la institución, a la que acusa fundamentalmente de una cosa: el FMI se mueve porrazones ideológicas en sus planes para “salvar” a los países en dificultades, defendiendo una ortodoxia ultraliberal (liberalizar y privatizar ante todo) contra viento y marea que, en la práctica, se revela en la mayor parte de las ocasiones como contraproducente.
Stiglitz ofrece abundantes ejemplos de los errores cometidos por el FMI en los últimos años, particularmente los dos casos máspalmarios: la crisis asiática y el tratamiento posterior de los problemas económicos de Rusia cuando la crisis, en parte gracias a los errores del FMI, se extendió a este y otros países (como Brasil). Stiglitz no se recata en recordar que los países que no siguieron las políticas del FMI (como Malaisia) obtuvieron resultados mucho mejores que los que mantuvieron una estricta observancia de la ortodoxia(Tailandia).
Por supuesto, Stiglitz tiene razón en sus críticas. El FMI mantiene un discurso invariable, una especie de dogma de fe que llevará a los países con problemas a una idílica Tierra Prometida, pero como cualquier Pueblo Elegido, los países que no tienen más remedio que hacer caso al FMI acaban pasando por una dolorosa travesía del desierto durante 40 años para, al final, descubrir queadoraban a un becerro de oro y descubrir que, en realidad, están mucho peor que antes.
La pregunta es si para decirnos que el FMI es muy malo y no tiene ni la menor idea de lo que habla era preciso escribir un libro de título tan rimbombante. Sin duda, sí era preciso, al menos, venderlo, pero no mucho más, pues cualquier persona que lea la prensa de vez en cuando sabrá, sin lugar a dudas, queel FMI es muy malo y no sabe lo que hace. ¿Cómo, si no, se explica que detrás de cada “plan de salvamento” del FMI acabe apareciendo otro plan, y luego otro, para cada vez liberalizar más, privatizar más, y acabar ahondando los problemas del país?
En este libro, más interesante que el “qué”, por tanto, es el “cómo”, los motivos exactos por los cuales el FMI se equivoca una y otra vez. Tampoco...
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