Mamita yunai

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PROLOGO

(De la edición impresa de 1966)

Se me ha dado la oportunidad de escribir este pequeño prólogo para una nueva edición de la primera novela de Fallas. Y acepté agradecido el encargo. Fallas nos acaba de dejar, y todavía no es posible que lo imaginemos muerto; probablemente nunca lo podremos imaginar (1). Frecuentemente conversé con Calufa en las últimas semanas y he de llevar al papelalgunos puntos de esos fecundos diálogos. También quiero escribir algo sobre Fallas en sus libros, pero esto será en otra ocasión, con más tiempo y mayor serenidad. Por ahora sólo unas pocas líneas, para iniciar el pago de una gran deuda. De lo que me corresponde como costarricense en la enorme deuda nacional a nuestro primer novelista, cuyos méritos se atrevieron a negar algunos espíritusmezquinos. No fue suficiente para convencer a estos menguados el premio Ibero-americano de Novela, otorgado en 1962 por la Fundación William Faulkner, de los Estados Unidos, ni las numerosísimas ediciones europeas y americanas de sus obras. Ante esta pequenez moral, respondió el pueblo presentando a nuestro novelista el más conmovedor tributo postumo en sus funerales. Y frente a aquellas muestras demiseria moral, han levantado los costarricenses de todos los partidos políticos, la más generosa y elocuente manifestación de duelo nacional.

(1) Carlos Luis Fallas murió en San José, el 7 de mayo de 1966.

Esta primera novela, tan plena de crudeza y de ternura a la vez, surgió como consecuencia del trabajo político del autor. Sin embargo, no es una obra de afán proselitista. Refleja con duroscolores la realidad vivida dolorosamente por el autor, cuya habilidad como narrador es extraordinaria. Literatura comprometida, dirán algunos críticos estetas, displicentes. Como si el ideal fuera, para el creador literario, deshacerse de toda preocupación humana para escribir obras esterilizadas y anodinas. Como si las grandes creaciones de la literatura mundial no fueran, precisamente, las máslogradas síntesis de experiencias individuales o colectivas, vividas o intuidas por los genios literarios.

Con una escasa instrucción —la escuela primaria y dos años de la segunda enseñanza—, cuando apenas había vivido poco más de treinta años, escribe Calufa "Mamita Yunai", libro de impresionante fuerza expresiva. No sabía nada para entonces el autor de escuelas ni de estilos, de modasliterarias, ni de recursos o trucos artísticos, de esos que suelen ser tan apreciados y bien cotizados por los críticos literarios de postín. No escribió, pues, su obra, calculando impresionar a la crítica o colocarse a la vanguardia de las últimas tendencias. Escribió sus primeras páginas porque tenía mucho que decir y denunciar. Pero esta denuncia adquirió rango artístico innegable. Se lee cada vez más ycon mayor interés.

Se ha dicho que los libros de historia presentan sólo los hechos más destacados y hablan únicamente de los personajes descollantes, omitiendo generalmente algo que es fundamental para la comprensión de las sociedades: la referencia a la vida cotidiana, las hazañas anónimas, las tragedias minúsculas de todos los días. Esta historia subterránea, más real y humana siempre quela de los manuales históricos, la hacen a menudo los novelistas preocupados por el hombre y solidarios con sus oscuras vicisitudes.

Raras veces se ha dado en nuestro medio un caso de tan arraigada lealtad a la misión de novelista, de tan fervorosa lealtad a los deberes del escritor que no busca entretener y complacer simplemente, como el de Carlos Luis. Pero antes de morir, en una de misfrecuentes visitas a su casa, para distraer la angustia que sobre todos pesaba, inexorablemente, tuve la ocurrencia de relatarle un penoso incidente en que yo había hecho de víctima de la ciencia. Fallas —cosa rara en él— me escuchó con la mayor atención sin interrumpirme, en absoluto silencio. Sólo al final me dijo, con su actitud vehemente de siempre, que debía escribir aquel relato, que allí había...
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