Mujer atrapada en la habitacion

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  • Publicado : 6 de diciembre de 2011
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Mujer atrapada en habitación con tormenta

Enrique Planas

Para Franz Galich

Muchos hombres me han dicho que Managua es como una novia fea. Yo creo que es una ciudad seductora solo si te pones de espaldas a ella, si le buscas más allá el mar, las lagunas, sus cráteres. Es una ciudad imposible para ver desde arriba: no tiene edificios ni miradores para subir y cambiar la perspectiva. Quizássea mejor así. Tanto árbol en la calle no dejaría ver el paisaje de una ciudad acompañada por la permanente gárgara metálica de la lagartija que aquí llaman perrozompopo. Si pudiéramos planear sobre ella como una bandada de pericos veríamos la postal común de la Managua que no llega a ser metrópoli por culpa de los terremotos, los políticos, y las siete familias que gobiernan el país. Agreste,dispersa, sin corazón. Autopistas que no llegan a ninguna parte, plazas levantadas donde no hay motivo, buses repletos que dejan abiertas sus puertas y ventanillas para liberar la presión y la miseria que no acordona la ciudad, sino que la salpica como frijoles en el gallo pinto. El enorme barrio verde parece el suburbio de una ciudad inexistente, quizás sumergida bajo el gran lago, donde nadiepuede nadar sin enfermarse.

-¿Para eso me has traído pué?

La Guajira parece fastidiada. Abandona el balcón desde donde estábamos viendo la calle y entra a la habitación. Lo sé. Seguramente hubiera deseado que la llevara a un rincón más acogedor de la ciudad. A mí me encanta escucharle hablar aunque ella solo recite sus demandas. Las nicas son expertas para jugar con el lenguaje. Lo sébien. Cuando podía viajar en bus, solía escuchar a la gente. La más de las veces conseguía diálogos que valían oro. Como aquel intercambio entre el cobrador y la pasajera:

- ¡Oiga señora, póngase de lado!
- Y no ve que soy redonda, ¡hijo de puta!
O cosas así. Siempre voy atento cazando las palabras de la gente. Lo que se me queda en la memoria, va al cuento. Lo demás, se pierde. No creo en laslibretas. No soy de esos escritores que se pasan la vida tomando notas sin darse cuenta que ella se les escapa por el costado. En verdad, soy medio relajado. La pereza me ha hecho daño: un día le di a una muchacha mil hojas escritas a mano para que pasara la novela a la computadora. ¿Quién me iba a decir que la chavala iba a escribir como ella creía que era la cosa? Cuando fui leyendo lo que metrajo impreso me di cuenta de que se comió renglones, que me cambió palabras, que me poetizaba los diálogos. Y es que aquí los poetas y los que se lo creen son cosa grave. Años de modernismo florido ha provocado que la gente te hable en verso. Y si me quejo de esta herencia de Darío, creador del cielo y de la tierra, los colegas me miran con recelo. Algunos se molestan y otros me dan por perdido:Hagámonos los locos, ¿no ves que es guatemalteco?, dicen sobre mí. Si supieras lo que me costó reconstruir el texto que me enredó la niña aquella. Aunque me demore el doble, yo mismo lo voy a pasar. Y se acabó el verso.
Decía que me gustaba escuchar hablar a la Guajira, incluso cuando sus palabras se endurecen cuando me mira. De un tiempo a esta parte, prefiero no decirle nada por nomolestarla. Me quito la guayabera sudada y para tomar un segundo aire me siento sobre la silla de paja al lado de la mesita. Me paso el pañuelo por la frente. Resoplo. La observo como quien mira un hermoso paisaje. Ella es la prueba viviente de que en toda Centroamérica no hay mujer como la nicaragüense. No hay más guapa y sensual, con una agresividad especial que asombra. En ningún otro lugar unamuchacha puede acercarse a decirte: ¿Bailamos, amor? Aquí te sacan el brillo a la hebilla. Sí, señor, le agarras la cintura, dos pasos para allá y pega el regreso. Un quiebre, un caderazo y luego el pubis colocado muy cerca. Así de interesante es la mezcla de indígena y español. Liviana, fácil, hermosa. Esa exhuberancia en la que tanto tiene que ver el trópico. Yo quisiera ponerme a bailar con ella,...
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