Nacido en pecado

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  • Publicado : 23 de mayo de 2011
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Prólogo
Ultramar
El frío viento nocturno traía consigo el eco de las risas mientras soplaba sobre las mejillas ampolladas por el desierto v los labios resecos y agrietados de Sin.' No habituado a semejantes sonidos, Sin se agazapó entre las sombras de la linde del campamento inglés y escuchó. Hacía mucho tiempo que no oía risas. Pero su vacilación le costó muy cara, porque Marr le clavó en laespalda un palo erizado de pinchos. -¿Por qué te detienes, gusano? ¡Continúa! Sin se volvió hacia su señor sarraceno para lanzarle una mirada tan feroz que por una vez Marr se echó atrás. Próximo a cumplir los dieciocho años, Sin había pasado los últimos cuatro años y medio de su vida sometido a la mano implacable de sus adiestradores. Habían sido cuatro años y medio muy largos de ser golpeado,torturado e insultado. De ver corno sus valores, su lengua y su identidad iban siéndole arrebatadas poco a poco. Finalmente se había convertido en ese animal que ellos decían que era. Dentro de él ya no quedaba absolutamente nada. Ningún dolor, ningún pasado. Nada aparte de un vacío tan vasto que Sin se preguntaba si alguna vez llegaría a encontrar algo que pudiera hacerle volver a experimentarsentimientos. Ahora Sin era la muerte, en todos los sentidos de la palabra. Rad le tendió la larga daga de hoja curvada. -Ya sabes lo que tienes que hacer. Sí, lo sabía. Sin cogió la daga y la miró. Su mano era la de un joven en el umbral de la edad adulta, y sin embargo ya había cometido pecados y crímenes que lo habían envejecido hasta hacer de él un anciano. Marr lo apremió a seguir adelante.-Termina deprisa y esta noche comerás bien y podrás disfrutar de una cama. Sin volvió la mirada hacia Marr mientras su estómago gruñía de hambre. Día tras día, sus dueños l e daban de comer lo justo para mantenerlo con vida. Tenía que matarpor todo lo que fuera más allá de un mendrugo de pan medio podrido y un poco de agua rancia. Así sabían que Sin haría lo que fuese con tal de conseguir una comidadecente que apaciguara los dolorosos espasmos del hambre en su estómago. Con tal de poder disfrutar de una noche libre de torturas y dolor. Oculto entre las sombras, Sin observó a los caballeros ingleses sentados en su campamento. Unos cuantos comían, mientras que otros se entretenían con algún juego e intercambiaban historias de los tiempos de guerra. Sus tiendas se veían incluso en la oscuridad.La noche apagaba sus colores, pero aun así éstos seguían siendo visibles. Sin volvió a oír la música y las canciones de los ingleses. Había transcurrido mucho tiempo desde la última vez que oyó el francés de los normandos, y mucho menos cantado. Sin tardó unos minutos en poder recordar y comprender las palabras extranjeras que utilizaban los caballeros. Sin se puso a cuatro patas, como el animalque se le había enseñado a ser, y se arrastró hacia el campamento. Era una sombra. Un fantasma invisible que sólo tenía un propósito. Destruir. Fue deslizándose sin ninguna dificultad por entre los centinelas ingleses hasta que llegó a la más grande y suntuosa de las tiendas. Allí estaba su objetivo para la noche. Levantando el extremo inferior de la tienda, Sin miró en su interior. Las ascuas de unbrasero dorado puesto en el centro de la tienda proyectaban sombras sobre la tela. Sin creyó estar soñando. Pero lo que veía era real. Aquellas cabezas de dragón, delicadamente talladas y dignas de un rey, proclamaban la encumbrada posición del hombre que dormía en una bendita ignorancia, sus manos aferradas a los cobertores confeccionados con pieles de leones v leopardos de las nieves.

2 Un hombre que no tenía ni idea de que su vida estaba a punto de terminar. Sin clavó la mirada en el objetivo. Un golpe rápidamente asestado con la daga y estaría cenando higos y cordero asado. Bebería vino y dormiría sobre un colchón de plumas en lugar de sobre la arena que le arañaba la piel v donde tenía que mantenerse en guardia contra los escorpiones, los áspides y las otras criaturas que...
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