Nazismo

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De un nazismo al otro
Juan Nuño
|[pic] |
|La escuela de la sospecha. |
|Nuevos ensayos polémicos, |
|Caracas: Monte Ávila, 1990, |
|p. 43-46. |

Lo de menos es la anécdota: hace más de cincuenta años, Hitler toma el poder en Alemania. Ni cómo lo toma: golpe, semi-golpe, elecciones, coaliciones,artimañas, incendio del Reichstag, amenazas. Ni por qué lo toma: crisis económica, revanchismo bélico militarismo prusiano, cobardía de las democracias, recurso frente al bolchevismo. Lo que cuenta es lo que el nazismo significa. No lo que significó hace cincuenta años: lo que sigue significando, su innegable peso en este siglo, el siglo de las ideologías totalitarias en marcha, ensayadas y más queprobadas: triunfantes.
Sólo que gracias a los historiadores, a Hollywood, a los politólogos y al sadismo pornográfico, la imagen de un nazi es una mezcla de monstruo vestido de negro chorreando baba mientras tortura a una víctima semidesnuda y triturada, todo ello bajo la cruz gamada. El coco de la época: bueno para asustar niños democráticos.
Con el nazismo hay que comenzar por negar. No fue unfenómeno aislado, excepcional, extraordinario que un mal día irrumpió en la culta, industriosa, avanzada y democrática nación alemana. Al contrario: sale del más oscuro y auténtico modo de ser alemán; nutrido en el viejo irracionalismo romántico, a lo Wagner, a lo Nietzsche; formado en las ideas totalitarias de la gran filosofía alemana, a lo Hegel, a lo Fichte, con la prédica ciega de la adoraciónhacia el todopoderoso Estado; aderezado con la salsa bien germana del antisemitismo más cerril, aquel que se basa en el rechazo a todo lo que no sea eigentlich bei uns. El nazismo pertenece a Alemania tanto como Sigfrido, el Walhalla y Lutero. O tan poco como Goethe, Beethoven y Durero. El nazismo no fue un suceso patológico, la acción violenta e incontrolable de unos cuantos locos desatados que,mediante la técnica del Putsch y el ejercicio del terror, se imponen a todo un pueblo pacífico y amenazan al mundo. Ojalá hubiera sido así. Los nazis eran seres perfectamente normales, sanos, equilibrados, padres de familia, trabajadores, sobre todo, trabajadores y organizados. Verdaderos modelos de burguesía burocrática, tranquila y disciplinada. Eso sí: con una ideología en qué creer y un programaque cumplir. Una anécdota poco conocida revela su seriedad. El 9 de noviembre de 1938 caía abatido en París Ernst von Rath, consejero de la Embajada alemana, asesinado por el judío polaco Grynzpan, desesperado por la deportación a que se vio sometida su familia. Aquel homicidio fue la chispa que desencadenó la famosaKristalinacht del 10 de noviembre en toda Alemania: quema de sinagogas, ataques anegocios judíos y violencia física contra las personas. Esa orden aislada había partido de Goebbels a las SA, la secciones de asalto de los primeros tiempos del partido nazi. La orden creó un profundo malestar en el partido. Goering, Himmler y el propio Hitler criticaron internamente los hechos y condenaron los excesos. Pues los nazis no propugnaban ninguna violencia vulgar y callejera contra losjudíos. Eran gente seria. La espinosa Judenfragedebía resolverse científicamente, no a empellones, latas de gasolina y cristales rotos. Y en efecto: trataron de resolverla definitivamente: Endlösung, es decir, seis científicos millones. Para una primera prueba, no está mal.
Sobre todo, el nazismo no quedó limitado a un país y a una época. Basta ya del recuento de los hechos y de lasinterpretaciones histórico-económicas. Frente al libro clásico de Shirer (The Rise and Fall of the Third Reich), el poco transitado de Arendt (The Origins of Totalitarianism). El nazismo no sólo fue algo del pasado alemán. Forma parte de nosotros y de este siglo. Está ahí, aquí, en todas partes. El nazismo en tanto expresión histórica, es decir, Hitler y el movimiento nazi, fue tan sólo un primer ejercicio...
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