Novela corin tellado

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 120 (29890 palabras )
  • Descarga(s) : 7
  • Publicado : 28 de agosto de 2010
Leer documento completo
Vista previa del texto
CORÍN
TELLADO

Mi mujer eres tú

The pirate
Pagan (

1

Se encontró con él a la salida de la casa de modas.
-¿Te acompaño? –preguntó Alfred, correcto y cortés como siempre.
-Tengo mucho que hacer Alfred.
-Puedo... acompañarte a cualquier lugar que vayas.
Ya lo sabía.
Venía ocurriendo casi todos los días.
Alfred Miller era modisto de la casade modas Karloff. Madame Karloff le estimaba mucho. Algún día, Alfred se establecería por su cuenta y llegaría a ser uno de los modistos más apreciados de Boston. La francesa establecida en Boston lo sabía perfecta-mente y, debido a ello, casi se podía decir que mimaba excesivamente a Alfred con el fin, tal vez, de que nunca la dejara.
Todo aquello, a ella como diseñadora de lacasa de modas, le tenía muy sin cuidado.
Sólo sabía una cosa, y ésa sí que la sabía perfecta-mente. Alfred le hacía la corte, pero a ella no le gusta- ba Alfred. Al menos, de momento, no le gustaba nada,

y casi, casi prefería que no llegara a gustarle nunca, pues no era su tipo.
-Te aburrirás conmigo, Alfred.
Era alto y delgado.
Un buen tipo.
Muy bien vestido. Muyvaronil, pese a su profe-sión. La sociedad de Boston le estimaba mucho, y Alfred tenía acceso a todos los niveles, en particular a aquel de los millonario, donde Alfred, sin serlo, era como un árbitro de la moda. Pero también eso a ella le tenía muy sin cuidado.
-Ya sabes que no.
Ambos en el umbral de la gran casa de modas, pa-recían indecisos.
Ella, como si no quisiera en modoalguno moles-tarle. Él, ansioso por ser oído y complacido. Casi ocurría así todos los días, y a veces, aún dos días an- tes, no tuvo otro remedio que dejarse acompañar hasta casa por Alfred Miller.
Su madre, que estaba en todas, le preguntó tan pronto como la vio llegar.
-¿Quién era?
-Pero mamá...
Mamá se ruborizó como pillada en falta.
-Te vi desde la ventana...Era indulgente con su madre, y tolerante y pa-ciente. La adoraba y mamá le correspondía, y tam- bién papá. Pero papá casi nunca se metía en nada, aunque ella sabía que papá no ignoraba jamás lo que ella hacía, pero sabía hacerse el indiferente y no lo era, por supuesto.
A veces, en las tertulias de invierno, allí, ante la mesa camilla, los tres hablando de mil cosas, distin- tas,papá opinaba casi con temor de ofenderla: “Tie- nes veintidós años, Andrea. Nosotros quisiéramos que tuvieras novio. No que te casaras, entiende, pero sí que lo tuvieras. Verte llegar con él... Y traerlo a casa. Y saber que es o puede ser un buen compañero para ti.”
Por eso estaban en todo.
Sacudió la cabeza al sentir la voz de Alfred de nue-vo. La sacudió como, si bienestando allí ante el um- bral de la puerta de la casa de modas, se hallara ya en la bonita salita de casa, al lado de sus padres.
-Otro día, Alfred. Hoy –echó un pie a la ace- ra –tengo muchas cosas que hacer antes de regresar.
-¿Podemos comer juntos esta noche?
-Pues... no.
-Mañana es domingo. Me costará pasar sin ver- te. Podíamos salir juntos por la mañana, eirnos de excursión a cualquier sitio. A Lynn, por ejemplo...
Tenía plan para salir con su amiga Bárbara. Ni ella ni Bárbara tenían novio, por eso se encontraban bien juntas.
-Lo siento, Alfred. Créeme que lo siento. Qui- zás otro día...
Ya lo dijo con acento cansado, y Alfred no era ningún tonto. Al darse cuenta de que insistir podía parecer incorrecto, él, tan delicado y elegante,asintió con la cabeza.
-Otro día será –dijo-. Sí, cualquier otro día. Tú ya sabes... lo que siento.
Claro que lo sabía.
Y sabía asimismo que Alfred era un buen partido y podría llegar a ser un marido perfecto. Pero... no le amaba.
Bárbara pensaba, oyendo sus confidencias: “¿Có-mo vas a saber si le amas, si jamás estás sola con él dos días? Es decir, si le esquivas...
tracking img